Alemania: la ultraderecha entra en el Parlamento

AfD en campaña electoral en Alemania.

2017 fue para Alemania un año electoral (el 26 de marzo se celebraron elecciones regionales en el estado de Saarland; el 7 de mayo, en Schleswig-Holstein, 14 de mayo, en Renania del Norte-Nordhein-Westfalen y 15 de octubre en Baja Sajonia) que ha culminado el 24 de septiembre de 2017 con las elecciones al Bundestag. En las tres elecciones regionales celebradas, la CDU de Merkel ya superaba a los socialdemócratas del SPD, incluso en su bastión histórico del Ruhr y los ultraderechistas de Alternativa para Alemania (AfD), continuaban su entrada en las cámaras (landstags) iniciada en los comicios de 2016.

Contexto histórico y social

A pesar de que las encuestas durante la campaña ya daban como ganadora a la CDU de Angela Merkel, el cuadro parlamentario resultante de las elecciones de septiembre de 2017 ha supuesto la apertura de una nueva era en la empedernida estructura política alemana. Merkel, de hecho se ha convertido ya en la canciller alemana que más tiempo ha permanecido en el poder desde 1945, superando a Helmut Kohl, su gran referente político. Pero lo más relevante es que ha salido un nuevo parlamento mucho más fragmentado, con hasta seis partidos representados y lo que es peor, por primera vez desde el nazismo, un partido de extrema derecha ha irrumpido en el parlamento federal con el apoyo del 12,6% del electorado (5.878.115 votos) y 94 escaños (de 709) convirtiéndose en la tercera fuerza política.

Alternative für Deutschland (AfD) es un partido abiertamente xenófobo, contrario a la inmigración y al islam, con un encuadre para estas elecciones basado en reforzar el concepto de “identidad alemana” frente a la “amenaza” del islam, el cierre de fronteras y la expulsión de todo demandante de asilo cuya petición sea rechazada. A pesar de haberse desmarcado del movimiento Pegida, el papel de esta organización islamófoba en el ideario del AfD y la coincidencia en la masa social que les apoya, no se puede obviar. Las férreas leyes alemanas para luchar contra el antisemitismo, que no tienen reflejo en otros casos de xenofobia e islamofobia, han sido la ventana de oportunidad de la intolerancia.

Alemania, como el resto del continente, está sumida en una ola de populismo antinmigratorio, proteccionista, identitario y alarmista. Alemania ha sido y es, con diferencia, la que más solicitudes de asilo ha recibido. En los dos últimos años ha acogido a más de un millón de personas (en 2016 acogieron a 280.000 solicitantes de asilo, bastantes menos que los 890.000 de 2015), y parte de su ciudadanía se ha implicado de manera ejemplar en este desafío. Pero el discurso antinmigración ha calado transversalmente en toda la sociedad y en casi todos los partidos con representación institucional. Desde la inicial euforia de la wilkommenskultur se pasó a la decepción y a las reservas (sobre todo a raíz de los hechos de Año Nuevo de 2016 en Colonia). Pero a pesar de este proceso de desilusión, junto con el discurso xenófobo persiste mucha de la cultura de acogida, e incluso los partidos conservadores (CDU y CSU) admiten la necesidad de acoger a algunos refugiados. El contagio de la retórica antinmigración afecta en mayor o menor medida a todos los partidos. La CDU y su socio bávaro, la CSU, presentaron su programa electoral conjunto en julio con un claro enfoque económico y de seguridad. A pesar de las diferencias internas, abogan por estabilizar las llegadas en los niveles más bajos y apuestan por aliviar la presión migratoria en origen con una especie de Plan Marshall africano consistente en incrementar la ayuda al desarrollo del 3 por ciento actual al 3,5 por ciento en 2025. También proponen un plan de apoyo a la inversión privada en África con el fin de que, mejorando las condiciones de vida, las personas no se moverán buscando mejores oportunidades. Dentro de la CDU, no obstante, existen pulsiones antinmigración que tachan a Merkel de izquierdista y que abogan por medidas mucho más restrictivas y nacionalistas, mientras la canciller apuesta por la solución europea integrada, poco realista viendo el “frente del este” y las nuevas dinámicas antintegración.

El SPD trató de reavivar el efímero efecto Martin Schulz denunciando la mala gestión de la crisis de los refugiados por parte de Merkel, una táctica electoral de poco recorrido cuando el SPD ha sido socio fundamental en el gobierno de coalición. Por otro lado, las soluciones que proponía Schulz ya han sido asumidas por Merkel en su gran viraje promigratorio, y el socialdemócrata ha sido cuestionado por su afán de utilizar el tema migratorio sin calcular los posibles efectos y derivaciones, sobre todo a la hora de distanciarse del AfD. A efectos de la pugna CDU-SPD, Merkel ya ha amortizado su gestión de la crisis migratoria y ha salido casi indemne.

El SPD, siguiendo la tónica de los partidos socialdemócratas europeos, ha sufrido una derrota electoral contundente, con la pérdida de un 15,2% de apoyo y 40 escaños, quedando como segunda fuerza parlamentaria (con 153 escaños y el 20,5% de los votos). Ante la debacle, el SPD decidió pasar a la oposición para regenerarse y renunció en un principio a reeditar una gran coalición de gobierno como la del anterior mandato.

Las conversaciones para formar gobierno de los liberales con la CDU-CSU y los Verdes para formar la coalición Jamaica no llegaron a ningún acuerdo, dadas las diferencias programáticas. Ante la amenaza de incertidumbre de otra convocatoria electoral, se apeló a la responsabilidad de Estado de los socialdemócratas que finalmente han llegado a un preacuerdo el 12 de enero para una coalición de gobierno. Entre los puntos más controvertidos para el acuerdo estaba la inmigración y la cohesión social. Conservadores y socialdemócratas han acordado limitar las llegadas de solicitantes de asilo a aproximadamente 200,000 anualmente, asi como a 1,000 al mes el número de inmigrantes aceptables por reagrupación familiar.

Junto a la Alemania modélica que dio la bienvenida a los refugiados en 2015, convive un lado oscuro. Tan solo en 2016 se registraron 3.729 ataques contra inmigrantes. Según una investigación del diario Die Zeit, de una muestra de 222 ataques racistas que tuvieron lugar en 2015, sólo ocho (el cinco por ciento) habían sido denunciados. Según el Ministerio del Interior se producen diez ataques diarios a refugiados en Alemania (resultado de la media de los 3.533 ataques a refugiados y a centros de acogida registrados en 2016, en los que resultaron heridas un total de 560 personas, 43 de ellas niños). Internet y las redes difunden información falsa, bulos antinmigración, que tuvieron su máximo apogeo en los incidentes de Colonia. La gestión informativa de estos hechos, no solo por la prensa sino también por la policía y el Gobierno, desató una ola xenófoba y contraria a la política de la canciller Merkel que alteró profundamente la opinión pública y obligó a los políticos a posicionarse de manera mucho más contundente. La retórica antinmigración contaminó el debate mezclándose con el discurso antimachista y feminista resaltando la supuesta incompatibilidad cultural de Alemania con los países musulmanes, ante la amenaza de un islam que oprime la libertad de la mujer, como ocurrió en el debate sobre la prohibición del velo integral.

El sentimiento antinmigrante, que se ha desarrollado respondiendo básicamente a dos argumentos compatibles entre sí, el económico (nos quitan el trabajo, abusan de la sanidad, tienen preferencia en los servicios sociales etc.) y el identitario o cultural (como amenaza para los valores y cultura nacional, e incluso como amenaza demográfica) están presentes en mayor o menor medida en Alemania y claramente en los ultraderechistas de la AfD. El añadido de este partido es que, al elemento islamófobo y xenófobo, se añade el componente racista y supremacista, y que tratan de justificar con la represión de los sentimientos nacionalistas o patrióticos legítimos de los alemanes tras la Segunda Guerra Mundial.

En 2016, había 18 millones de personas en Alemania con origen migrante, el 22,5% de la población. La población extranjera llegó a los 10 millones, el 12,1% de la población. Esto convirtió a Alemania en el segundo país con población inmigrante después de los Estados Unidos (Statistisches Bundesamt, OCDE). Según la Oficina Federal para la Migración y los Refugiados (BAMP), Alemania recibió en 2016 a 280.000 peticionarios de asilo, un 68% menos con respecto al año anterior, en el que llegaron 890.000 personas. Esta drástica reducción de llegadas se debió al cierre de la ruta de los Balcanes y la firma de la “declaración” (que no acuerdo, como con frecuencia se le denomina en los medios) de reubicación y reasentamiento de refugiados entre la UE y Turquía, lo que supuso un alivio para Angela Merkel, que se enfrentaba a una situación delicada en las encuestas y desató los demonios del racismo y la xenofobia.

Partidos políticos y sus programas electorales

CDU (Christlich Demokratische Union – Unión Cristiano-democrática)

Es el principal partido conservador del país. De los ocho cancilleres que ha tenido Alemania desde 1949, cinco han sido de la CDU. Se autodefine como un “partido del centro, demócrata cristiano, liberal y conservador”. Una de las señas más fuertes de su identidad es su profunda actitud proeuropea. En el Europarlamento están afiliados al Partido Popular Europeo. En la actualidad gobiernan con Angela Merkel al frente del ejecutivo. Merkel lleva 11 años en el poder y acaba de ser elegida para su cuarto mandato.

En la presentación de su programa electoral a comienzos de julio de 2017 la CDU y su socio bávaro de la CSU, revelaron el enfoque económico de su programa. Prometieron el pleno empleo para 2015 (de la actual tasa de 5,5% se ponen como meta dejar el paro por debajo del 3%), más seguridad para todos (con la creación de 15.000 nuevos puestos de policía y más eficacia contra el crimen, pero sin asociar o mencionar el tema de la migración en este apartado), más ayudas a las familias con hijos, menos trabas para acceder a la vivienda y una rebaja fiscal de hasta 15.000 millones de euros. Prometieron “bienestar y la seguridad para todos” y dejaron en el limbo la reforma pendiente del sistema de pensiones. Se apuesta en el programa por aliviar la presión migratoria atajando sus causas, para lo que se incrementará la ayuda la desarrollo del actual 3% al 3,5% del PIB en el 2025, así como impulsar la asociación con África (presentada en la cumbre del G20 en julio en Hamburgo) en una especie de Plan Marshall. Según el Ministerio de Desarrollo “atender a un migrante o un refugiado en Europa es hasta 130 veces más caro que hacerlo en su país de origen” por lo que mejorar las condiciones de vida en los países de origen frenarían los flujos migratorios a Alemania, con el mantra de que lo que es bueno para África es bueno para Alemania.

En cuanto a las diferentes posiciones en el seno del partido, hay un sector poco satisfecho con la “tendencia a la izquierda” que, según ellos, está tomando Merkel. Piden que el partido tome medidas contra la inmigración, como por ejemplo la deportación automática de cualquier extranjero que haya cometido un crimen, la eliminación del concepto de la doble nacionalidad para inmigrantes o la prohibición las asociaciones islámicas. También quieren que el orden y la ley formen parte de los valores fundamentales del partido. 7.000 miembros de la CDU y la CSU (su partido hermano en Baviera) se han registrado como participantes de fracciones conservadoras de los partidos. Durante la última conferencia anual del partido, se votó por limitar los derechos de los inmigrantes a tener doble nacionalidad, a pesar de que Merkel fuese en contra de esta iniciativa. Según ella, la solución a la crisis de los refugiados pasa por una respuesta fuertemente integrada de todos los países de la UE. Podría decirse que la CSU actúa como lastre de la CDU en materia migratoria, ya que son claramente más conservadores y su líder (Seehofer) se enfrentó varias veces a Merkel durante la llegada de migrantes en 2016 y 2017, haciendo presión para que la CDU optase por la externalización (en la declaración de Turquía o en su Plan para África más recientemente).

Gracias a su papel internacional, Merkel ha sabido capitalizar a su favor el enfrentamiento europeo frente al agresivo aislacionismo de Trump, al brexit, la intrusión rusa en la escena internacional, la amenaza de los extremistas de ultraderecha en Europa y el fiasco del estreno de Martin Schulz al frente del SPD.

Tras las elecciones de septiembre, la CDU/CSU, con Angela Merkel a la cabeza, han renovado la confianza del electorado, pero son más 65 escaños más débiles al igual que los socialdemocratas que han perdido 40.

La CSU (Unión Social Cristiana de Baviera), aun funcionando en coalición con la CDU (aportan 46 de los 246 escaños obtenidos por la coalición) como grupo parlamentario en el Bundestag, la CSU es el ala bávara de la CDU, un partido independiente, con una ideología socialmente más conservadora y católica, más euroescéptico y regionalista que el partido de Merkel. Liderado hasta diciembre de 2017 por Horst Seehofer, como primer ministro de Baviera, estará en adelante encabezado por Markus Söder, hasta ahora su ministro de finanzas, y perteneciente al ala más conservadora del partido y especialmente crítico con la política de refugiados de Merkel. No obstante, Seehofer conservará la presidencia del partido y ha dirigido las negociaciones para formar gobierno.

SPD (Sozialdemokratische Partei Deutschlands – Partido Socialista)

Es el partido socialdemócrata tradicional. Ha formado parte de gobiernos durante 6 legislaturas desde 1969. Muchos de sus apoyos solían venir de los trabajadores de la zona minera de la cuenca del Ruhr. Willy Brandt, el primer canciller socialista, tuvo un rol esencial al liderar la reconciliación con la Unión Soviética y los países del Este en los años 70.

Como ha sido el caso en otras democracias europeas, en los últimos años el partido socialdemócrata está perdiendo apoyos a la vez que se aparta de la línea de defensa de los trabajadores y adopta tendencias más tradicionalmente de derechas. La esperanza depositada en Martin Schulz para mejorar resultados ha sido un sonado fracaso histórico en la formación, a pesar de ser parte del próximo gobierno en el último intento de evitar elecciones.

Schulz ha dedicado más de 20 años de su vida política a Bruselas. Fue presidente del Parlamento Europeo durante 5 años y candidato a presidente de la Comisión. Con un carisma notable, Martin Schulz es carne de meme y se prestó a que la ciudadanía tuviera una visión humorística de él.

A principios de febrero de 2017, la popularidad de Schulz alcanzaba el 50% de apoyos en las encuestas, quedando más de 15 puntos por encima de Merkel. Sin embargo, el llamado “efecto Schulz” se esfumó hasta llevar a la socialdemocracia alemana a su mayor derrota, en línea con sus homólogos francés, noruego, austriaco, belga, danés u holandés.

Como ejemplo de la tendencia a la derecha de los socialdemócratas alemanes, socios en el anterior y próximo gobierno de los conservadores, Schulz apoyó en campaña las medidas de austeridad exigidas actualmente desde Bruselas a países como Grecia. En cuanto a defensa (un tema de relevancia media para estas elecciones), el candidato ve a Alemania como un miembro importante de la OTAN pero propuso iniciativas de desarme en lugar de incrementar el presupuesto en defensa. Tanto Schulz como el SPD trataron de sacar el tema refugiados-migrantes en la campaña, que actualmente no era tan crucial como lo fue en las elecciones regionales del 2016. Por un lado, critican la política de Merkel, piden más solidaridad europea con Italia y advierten que puede repetirse la crisis de refugiados, siendo criticados por hacerle el juego a AfD en este tema.

AfD (Alternative für Deutschland – Alternativa para Alemania)

Cuando se fundó en 2013, el AfD se definía a sí mismo como un “nuevo estilo de partido, ni de derechas ni de izquierdas”. Su framing en vistas a la campaña de las elecciones de 2017 era claro: quieren establecer fuertes políticas antinmigración, reforzar el concepto de “identidad alemana” en oposición al Islam y fomentar el euroescepticismo. Proponen una política de cierre de fronteras y de expulsión de todo solicitante de asilo cuya petición sea rechazada. Para ellos, el Islam no es parte de la cultura alemana. Son antiaborto y apoyan el modelo de familia tradicional. Se les acusa de promover ideas y usar lenguaje neonazi. En Alemania existen muchos tabús relacionados con la ideología nazi, y AfD parece pretender romper esos tabúes como estrategia para ganar seguidores. A pesar de todo, la justicia alemana no considera al AfD como un partido anticonstitucional. Según algunos analistas, muchos simpatizantes del AfD son antiguos votantes de la CDU, insatisfechos de no poder expresar que aman su país sin ser tachados de nazis.

Su irrupción en el Bundestag con 94 diputados y un 12,6 % de votos, ha superado todas las previsiones aunque después de sus victorias en los comicios locales y regionales todo presagiaba su consolidación a nivel federal (en marzo de 2016 obtuvieron su mejor resultado en el estado de Sajonia-Anhalt con un 24,3%, en plena crisis de refugiados).

Aunque tienen objetivos en común, el AfD intenta desmarcarse del movimiento popular anti-Islam Pegida. Desde mayo de 2016 los miembros del partido tienen prohibido participar en eventos de Pegida. Sin embargo, el papel de Pegida en el ideario de AfD es importante, porque el cambio de foco de AfD de ser antieuro a antinmigración coincide con el estallido de las marchas de pegida en Dresden. Los líderes puede que no estén, pero claramente muchos de sus votantes sí. El AfD mantiene una actitud hostil ante la prensa crítica pero encuentra apoyos explícitos en medios tradicionales como el Bild Zeitung. No obstante, AfD (como antes hacía Pegida) invierten gran parte de sus recursos en estar presentes en las redes sociales y medios afines para transmitir sus mensajes y bulos que exacerban el odio contra los migrantes.

Tras la dimisión de su líder Frauke Perry por rivalidades internas, Alexander Gauland y Alice Weidel fueron elegidos cabezas de lista para las elecciones federales en su último congreso en abril de 2017. El AfD, debilitado por las luchas internas, ha perdido apoyo en los últimos meses, a medida que la crisis de los refugiados ha ido desapareciendo de la agenda política y mediática. El cambio de liderazgo ha supuesto un giro derechista en la formación lo que la radicaliza aún más en sus postulados. En las elecciones al lander de Baja Sajonia, un mes después de las elecciones federales, han salido algo debilitados después de su entrada triunfal en el Bundestag, ya que aunque logró acceder a otra cámara regional (ya está presente en 14 de los 16 lander) lo hizo con un modesto 6%.

Bündnis 90 / Die Grünen (Alianza 90/Los Verdes)

Partido verde y pacifista fundado en 1980. Han participado en gobiernos del SPD entre 1998 y 2005. En las últimas elecciones han obtenido 67 escaños, cuatro más que en el anterior mandato. Los candidatos principales para 2017 son Cem Özdemir (hijo de inmigrantes turcos) y la Secretaria General del partido, Katrin Göring-Eckardt. Mantuvieron conversaciones con Merkel para una posible coalición a tres con los liberales que no fraguó precisamente por las diferencias en los temas migratorios. En política social defienden la integración de los inmigrantes en una “sociedad multicultural” y en política exterior apoyan mayor integración europea e incluso la posible entrada de Turquía en la UE.

Die Linke (La Izquierda)

Partido de izquierdas fundado en 2007 por, entre otros, miembros desencantados del SPD. En el Europarlamento están afiliados al Partido de la Izquierda Europea. En las últimas elecciones obtuvieron 69 escaños, 5 más que en la anterior legislatura.

Los candidatos principales para 2017 fueron Sahra Wagenknecht y Dietmar Bartsch. Con una actitud poco dispuesta a ceder para con el SPD y los Verdes; una actitud quizás poco ventajosa en un país que aprecia el diálogo y la capacidad de compromiso. La izquierda de Die Linke, nutrida mayoritariamente por antiguos socialdemócratas, ha pescado en el revuelto caladero de la desilusión, en competencia con la extrema derecha. Die Linke no dudó en acudir a mensajes como “quien abuse del derecho de hospitalidad, lo pierde” cuando se produjeron las agresiones sexuales de Colonia. Así, el principal feudo electoral de Die Linke en el Este del país se ha ido erosionando por el efecto AfD, a medida que el tradicional voto de protesta de las clases obreras de la antigua RDA contra las élites políticas y económicas alemanas o europeas se transforma en un claro resentimiento hacia los inmigrantes, precisamente en las regiones alemanas que menos inmigración habían recibido en tiempos de la RDA.

FDP (Freie Demokratische Partei-Partido libre democrático)

Partido centrado en el liberalismo económico y euroescéptico (antes europeísta). Fundado al final de la II Guerra Mundial, formó parte del Gobierno alemán durante un total de 41 años. En las elecciones de 2009 alcanzó su récord al llevarse un 14,6% de los votos, pero en 2013 no llegó al 5% requerido para entrar en el Bundestag, por lo que se quedó sin escaños. La lista de Christian Lindner, su candidato principal, ha irrumpido en el Bundestag (donde no tenía representación alguna en la última legislatura) obteniendo el 10,7% de los votos y 80 escaños, convirtiéndose en actor clave en el parlamento. Tienen además tres eurodiputados en la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa. Su líder, Lindner, estrella política en ascenso, ha defendido la salida de Grecia de la zona euro y llegó a proponer en campaña que los refugiados vuelvan a su país cuando la situación allí se calme.

Futuro gobierno: una nueva gran coalición pero más frágil

Tras las elecciones del 24 de septiembre de 2017, y dada la fragmentación del parlamento, parecía obligada una coalición de gobierno a tres. Sin embargo, el 12 de enero de 2018, el SPD de Martin Schulz, la CDU de Merkel y la CSU con Seehofer como negociador, llegaron a un preacuerdo de gobierno para los próximos cuatro año. En este acuerdo de principios estaban básicamente de acuerdo en el fortalecimiento de la zona euro, mayor integración europea y acercamiento a Francia como socio politico preferencial. En temas migratorios al parecer habrá un límite en el cupo de refugiados anual (entre 180.000 y 220.000) y un tope mensual de 1000 familiares con protección subsidiaria por reagrupación familiar.

El 30 de enero de 2018, se llegó a un acuerdo sobre el tema migratorio, que era el mayor escollo en las negociaciones. Se acordó un congelamiento de la reunificación familiar hasta el 31 de julio de 2018 y después se permitirá la llegada de un máximo de 1.000 familiares por mes. La Gran Coalicion (GroKo) parece tener viabilidad pero la crisis del bipartidismo tradicional, la irrupción de la extrema derecha y las presiones eurófobas que llegan del este de Europa no presagian más que mayores contagios del discurso de la antinmigración no solo a nivel nacional sino en el mismo seno de las instituciones europeas.

La contaminación del discurso antinmigración

Alemania ha sido y es, con diferencia, el país más expuesto a la llegada de solicitantes de asilo. En los dos últimos años han acogido a más de un millón de personas y parte de su ciudadanía se ha implicado de manera ejemplar en esta crisis. Pero la sociedad alemana es compleja, y el discurso antinmigración ha calado transversalmente en toda la sociedad y en casi todos los partidos con representación institucional.

Ante el daño de esos bulos difundidos por internet, el ministro de Justicia, el socialdemócrata Heiko Maas, ha propuesto que también se persigan según la ley contra la difamación los casos de noticias falsas difundidas en internet, con el fin de propagar el discurso del odio, haciendo responsables a las redes de sus contenidos (Facebook, Twitter, etc.) con multas de hasta 50 millones de euros.

Otro fenómeno preocupante es el de las brigadas de vigilantes de extrema derecha que se organizan en Facebook y/o WhatsApp, primero debatiendo temas que les interesan y luego pasando a la acción (ver informe de ENAR “Movimiento Antiracista Europeo sobre crímenes y agresiones racistas 2015-2016”). Ejemplos de grupos más activos son FTL 360 (en la ciudad de Freital) o Vigilantes Munich.

En abril de 2017, un teniente del ejército alemán de 28 años fue detenido ante la sospecha de que preparaba un acto terrorista con fines xenófobos. Tenía planeado un ataque a refugiados y políticos de izquierda haciéndose pasar por un solicitante de asilo sirio durante cuatro meses para luego incriminarles. Pero no es un caso aislado, actualmente la policía militar investiga 275 casos de acusaciones de racismo o de extremismo ideológico en el seno del ejército que data en su mayoría del último año y medio.

Los mensajes antinmigración y más concretamente islamófobos se han manifestado también en otras propuestas políticas como la prohibición del velo integral, en los que se aprovecha la igualdad de género para verter mensajes anti-Islam por parte de algunos sectores. La irrupción de Alternativa para Alemania en el Bundestag con 94 diputados, como portavoces de mensajes xenófobos e islamófobos, propagarán y normalizarán el discurso antinmigratorio, forzando a la CDU y particularmente a la CSU, a radicalizar sus mensajes ante la fuga de votos a posiciones extremistas. De hecho, la primera evidencia del contagio surgió apenas unas semanas después de las elecciones ante la cuestión de establecer una cuota máxima de 200.000 refugiados anuales, a la que Merkel se negó siempre por considerarlo inconstitucional y que hoy día podría suponer el cisma en la coalición conservadora.

Paradójicamente, según el informe de septiembre de 2017 del Migration Policy Center sobre “actitudes hacia la inmigración en Alemania tras la crisis migratoria” , desde 2016 se ha producido un aumento general en las actitudes positivas hacia la inmigración (cuyos principales argumentos son la aportación demográfica en un país muy envejecido y la aportación económica en un contexto de recuperación con bajas tasas de desempleo) no sólo debidas al descenso de llegadas de solicitantes de asilo, sino a que la cuestión migratoria ha dejado paso a otras preocupaciones entre los alemanes y debido también al nivel de confianza de los ciudadanos en sus propias instituciones sociales y políticas en la gestión de la inmigración, siguiendo el lema de Merkel “Wir schaffen das” (podemos hacerlo). Según este estudio, hay que señalar también la brecha existente entre los alemanes orientales y occidentales, que parece reflejar las actitudes del propio conjunto de la Unión Europea, mientras en la parte occidental, las actitudes son más positivas, en las regiones orientales, como en los países del este europeo, las actitudes antinmigración están más presentes.

No obstante, hoy más que nunca, la cuestión migratoria es determinante en la política alemana, hasta el punto de haber sido la causa del bloqueo de las negociaciones para formar gobierno de coalición, de casi romper alianzas tan sólidas como la conservadora (CDU-CSU) y de dar entrada a un partido con un programa abiertamente xenófobo e intolerante.