España: la ultraderecha está en la calle

En lo que respecta a la ultraderecha en comparación con el resto de Europa, España se puede considerar, junto a Portugal, una excepción. Lo es, porque a pesar de contar con factores que hacen posible el crecimiento de la ultraderecha (inmigración, crisis económica y descontento político) de todos los países analizados en este informe son los únicos que no cuentan con partidos políticos de ultraderecha con representación parlamentaria.

Esto no quiere decir que esta ideología no esté presente en las sociedades ibéricas, sino que nos obliga a revisar el contexto histórico, social y político para explicar esta excepcionalidad, así como identificar los espacios extraparlamentarios en los que se desarrollan los movimientos ultraderechistas y xenófobos.

Contexto histórico, político y social

La dictadura franquista, de marcado corte militar, ultracatólico, ultranacionalista (véase la confluencia de nacionalismo y catolicismo en una de las señas de identidad ideológicas del régimen: el nacionalcatolicismo), y con claras influencias del fascismo clásico, gobernó el país durante 40 años. El régimen, resultante del derrocamiento de la II República tras el Golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la guerra posterior, quedó totalmente aislado del resto de Europa tras la derrota del fascismo italiano y el nazismo alemán en la II Guerra Mundial. Así, España inició un proceso de estancamiento justo cuando en el resto del continente se imponía el modelo socialdemócrata y se comenzaba a construir el Estado de bienestar, quedando al margen de los progresos económicos y sociales que experimentó la gran mayoría de los países de Europa Occidental.

Además, la época franquista supuso una eliminación sistemática de cualquier ideología contraria al régimen y la normalización de la ultraderecha como pensamiento hegemónico. Sindicatos como el anarquista Confederación Nacional del Trabajo (CNT), y el socialista Unión General de Trabajadores (UGT) fueron prohibidos. El único sindicato legal fue el Sindicato Vertical, dependiente de la Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional (FET y de las JONS). Sin embargo, esto generó que la ultraderecha española dependiera en exceso del franquismo que le había dado cobijo durante cuatro décadas. Por tanto, con la muerte del dictador Francisco Franco en 1975 se hizo patente la falta de referentes y discursos de los movimientos ultraderechistas españoles más allá de la dictadura. Así, durante la restauración democrática que supuso la Transición, la extrema derecha se encontró con un panorama en el que la sociedad española manifestó un sentimiento conciliador que se encontraba lejos de los deseos de los sectores más radicales de la derecha española de hacerse fuertes mediante la reavivación del conflicto nacional interno.

La dictadura también dejó otro legado que perjudicó a la ultraderecha. Durante las cuatro décadas de franquismo tuvo lugar un uso excesivo de los símbolos nacionales, así como del discurso nacionalista, por lo que la sociedad española se encontraba en aquellos momentos saturada de nacionalismo, además de que dichos símbolos nacionales estaban demasiado asociados a la ultraderecha para una sociedad que, como decíamos, buscaba el centro político y la moderación como vía de salida del régimen dictatorial. Paralelamente al abandono de la simbología y discurso nacionalista español, los nacionalismos periféricos (catalán, vasco, gallego, andaluz) resurgieron, tras años de represión, reclamando una mayor autonomía para sus territorios con respecto del Gobierno central.

La Transición (1975-1982) fue conducida por la Unión de Centro Democrático con Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo-Sotelo como presidentes del Gobierno. El único amago de formación de una ultraderecha parlamentaria tuvo lugar en las elecciones generales de 1979, en las que Blas Piñar logró entrar en el Congreso de los Diputados a través de la coalición Unión Nacional, donde confluyeron varias formaciones de ultraderecha como su partido, Fuerza Nueva (FN), y la Falange Española de las JONS, con 378.964 votos (2,1%). A pesar de este relativo éxito, FN no fue capaz de mantenerse por varias razones. En primer lugar, su apelación directa a la herencia franquista, como ya hemos explicado. En segundo lugar, no tomó una postura clara, ni dentro del nuevo sistema democrático ni como partido claramente antisistema. Mientras tanto, siete exministros franquistas liderados por Manuel Fraga fundaron Alianza Popular (AP), a través del cual buscaron ganar el voto del denominado “franquismo sociológico”, es decir, la parte de la sociedad que apoyaba el franquismo pero estaba dispuesta a permitir una serie de cambios mínimos durante la Transición. AP se mostró como un partido de orden, puesto que estaba impulsado por altos cargos y gente notable de la dictadura, mientras que FN quedó relegado a un partido formado por las corrientes más extremistas y violentas de la derecha española. Además, el intento fallido de Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, por parte de los sectores más ultraderechistas del Ejército, demostró la dificultad para organizarse políticamente para este tipo de sectores y supuso un varapalo para sus aspiraciones de romper el proceso de restauración democrática y mantener un régimen dictatorial.

A la Transición le siguió un periodo marcado política y socialmente por la consolidación del bipartidismo en torno al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que ocupaba el espectro político del centro-izquierda, y a Alianza Popular (a partir de 1989, convertido en Partido Popular), en el centro-derecha. El PSOE, bajo el liderazgo de Felipe González, dirigió el primer periodo (1982-1996) después de la Transición y condujo a España a un proceso de integración en la Unión Europea y en la OTAN, así como de renovación de la imagen de España en el exterior con la organización de eventos internacionales como el Mundial de Fútbol (1982), las Olimpiadas de Barcelona (1992) y la Exposición Universal de Sevilla (1992). De este modo, la sociedad española comenzaba a generar un fuerte sentimiento de adhesión a la identidad europea, así como una recuperación de autoestima nacional frente al resto de países, más avanzados y desarrollados. Con el cambio de Gobierno y la llegada del Partido Popular (PP) de José María Aznar (1996-2004), a los progresos sociales se sumó un extraordinario crecimiento económico en la segunda década de los 90, fundamentado en la burbuja inmobiliaria que explotaría entre los años 2007 y 2008. Junto a este crecimiento económico se produjo un punto de inflexión en la relación de España con la migración, que pasó de ser un país emisor a uno receptor de migrantes. Si en 1998 la población extranjera suponía en España un 3% de la población total, en 2012 esta cifra alcanzaba el 14%, cuando alcanzó su tope de 6.760.000 residentes nacidos en el extranjero. Por tanto, aquí encontramos el primer factor que hace posible el surgimiento de una formación ultraderechista y xenófoba, el aumento del peso de la inmigración en el país.

Otro hecho que marcó un punto de inflexión en la situación política y social de España fue el atentado del 11 de marzo de 2004 en la estación de trenes de Atocha, en Madrid. El Gobierno popular de Aznar manipuló la información tratando de culpar a la organización terrorista ETA, cuando las pruebas indicaban que fue perpetrado por yihadistas de Al-Qaeda. Esta gestión del atentado por parte del Gobierno les costó la derrota electoral en las elecciones generales que tuvieron lugar tres días más tarde, aún cuando las encuestas apuntaban a una victoria del Partido Popular y permitieron la llegada a la presidencia del socialista José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011).

La crisis global iniciada en 2007, y acentuada en España debido a la burbuja inmobiliaria, aumentó exponencialmente los niveles de pobreza y desigualdad. En 2014, España lideraba la Unión Europea en cuanto a la brecha entre las rentas más altas y las más bajas, y en ese mismo año el porcentaje de personas en riesgo de exclusión social había aumentado del 23% al 29% respecto de 2007. Encontramos aquí el segundo factor de riesgo para el crecimiento de la ultraderecha. Además, en el caso de España, la crisis económica vino ligada a una corrupción generalizada que afectó a las instituciones y organismos públicos y generó un clima de descontento con respecto de la sociedad hacia la clase política. En el año 2012, la situación política era considerada como “mala” o “muy mala” por casi tres cuartos de la población (73,2%).

Sin embargo, pese a que el cóctel de elementos que han posibilitado el auge de la extrema derecha en el resto de Europa y su capitalización electoral por parte de partidos marcadamente xenófobos, en España la protesta se articuló en torno a un ciclo de manifestaciones y movilizaciones sociales, de las cuales el 15M (15 de mayo de 2011) fue su máximo exponente. Estas protestas pusieron el foco en el cuestionamiento del bipartidismo, en la corrupción resultante de este sistema y en las políticas de austeridad impuestas por la Unión Europea. En las elecciones generales de 2011, el PP supo aprovechar el desgaste del PSOE, debido a la crisis económica, para obtener una mayoría absoluta. Las medidas de austeridad aprobadas por este Gobierno en el plano económico, como la Ley de Estabilidad Presupuestaria (conocida como “Ley Montoro” por el apellido del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro), y la reforma del artículo 135 de la Constitución Española, o las leyes restrictivas en el ámbito de las libertades civiles como la Ley de Protección y Seguridad Ciudadana (coloquialmente, la “Ley Mordaza”) fueron los motivos de movilización popular que se inició tras el 15M.

A diferencia del resto de Europa, estas protestas tenían un componente democrático e inclusivo, y en ningún momento se focalizó la inmigración como problema ni como responsable de la situación económica y social. A nivel político, el nacionalismo no tuvo cabida en estas movilizaciones. De hecho, otra de sus características es la estrecha relación a nivel internacional con otras protestas similares que se fueron sucediendo simultáneamente en todo el mundo como la Primavera Árabe y Occupy Wall Street. El carácter de estas protestas permitió el surgimiento, en 2014, con un auge espectacular, un partido como Podemos, que se apoya en la base social que se construyó en torno al 15M, relegando a la marginalidad una posible aparición de un partido populista xenófobo y de derechas.

Sin embargo, en la actualidad nos encontramos con una situación política en la que el nacionalismo está copando la esfera pública debido al conflicto catalán. El recurso del PP al Estatut de Autonomía de Cataluña aprobado en 2006 por el PSOE y la sentencia del Tribunal Constitucional a este respecto prendieron la mecha del proceso de independencia catalán en el que el Estado y la sociedad española se ve envuelta a día de hoy. Dentro de este proceso de polarización social y política en torno al eje españolismo/catalanismo, la extrema derecha está encontrando espacio, dentro de la corriente españolista, para expresarse, organizarse y ganar visibilidad. Por tanto, y pese a que por el momento la extrema derecha no ha logrado rentabilizar electoralmente el conflicto catalán, es una opción que no es descartable en los próximos años.

En cualquier caso, como ocurrió en el pasado con el conflicto vasco, ahora con el caso catalán, la derecha (tanto el Partido Popular, como los partidos ultraderechistas que analizaremos a continuación) encuentra un enemigo interno en los nacionalismos periféricos mediante el cual justificarse y fortalecer su posición, sin necesidad de acudir a la inmigración como el ‘otro’ que necesita la estrategia populista. Un caso muy ilustrador en este sentido es el de los atentados acaecidos el 17 de agosto de 2017 en Barcelona y Cambrils. Este caso de terrorismo yihadista tuvo dos principales consecuencias. Por una parte, se produjo un rápido incremento de agresiones islamófobas. Por otra, el conflicto catalán quedó momentáneamente apartado y tanto las instituciones españolas como las catalanas mostraron una imagen de unidad, que rápidamente se disolvió conforme se fue acercando la fecha clave del referéndum del 1 de octubre. Así, el eje sobre el que gira la extrema derecha europea, el de autóctono/extranjero, queda tapado por un eje más cercano, el de español/catalán o, para ser más exactos, el de unionista/independentista.

La ultraderecha en España

Como adelantamos en el apartado anterior, la ultraderecha española tiene unas características particulares respecto del resto de Europa. La excepción española a la que hacíamos referencia tiene varias causas principales que podemos identificar en causas internas y causas externas.

A nivel externo, ya señaladas en el contexto, encontramos dos ‘vacunas’ que hasta el momento han neutralizado una posible expansión de la ultraderecha a causa de la situación económica, política y social actual. La primera, el Partido Popular como partido hegemónico de la derecha española, que absorbe el voto del “franquismo sociológico”, se presenta como el partido de ‘la ley y el orden’, y asume parte de las prácticas y discursos de la extrema derecha para neutralizar cualquier tipo de formación que aparezca por el lado derecho del espectro político. La segunda vacuna, las movilizaciones sociales surgidas a causa de la crisis económica y los escándalos de corrupción en torno al 15M, y la aparición de un partido populista de izquierda como Podemos, capaz de capitalizar el voto de protesta frente al establishment.

A nivel interno, encontramos una excesiva dependencia del régimen franquista y, en consecuencia, de Franco. Por tanto, tras su muerte y el inicio de la reforma democrática tuvo lugar una enorme dispersión en diferentes corrientes, debido a la falta de representación parlamentaria, y de líderes carismáticos que fueran capaces de aglutinar una candidatura unitaria (a excepción de Unión Nacional, la coalición liderada por la Fuerza Nueva de Blas Piñar, que logró un escaño en 1979). En este sentido, la herencia franquista sigue siendo un punto clave sobre el que se forman las diversas corrientes ultraderechistas en España. Podemos encontrar una serie de formaciones nostálgicas, que se limitan a reclamar la vuelta al pasado franquista, con una falta de renovación ideológica y discursiva que las mantiene en una posición marginal. El fracaso de esta corriente ha dado lugar a intentos de regeneración en base a las influencias de la extrema derecha europea, que tratan de reformularse en torno al populismo xenófobo que se extiende por el continente, más proclives a situar al inmigrante como el enemigo sobre el que construir su discurso y su actividad.

VOX

Si nos basamos en las últimas elecciones (26 de junio de 2016) podemos apreciar que el partido de extrema derecha que más votos alcanzó fue VOX, siendo el decimocuarto partido más votado, con 47.182 votos, es decir, con el 0,20% del total de los votos. Este partido no se amolda exactamente a lo expuesto anteriormente, ya que surge como una escisión del Partido Popular, cuya intención es recoger el voto de la derecha desencantada con dicho partido. Por tanto, ideológicamente y en cuanto al contenido de sus propuestas VOX no difiere mucho del PP, salvo por una mayor radicalidad y un discurso más explícito. En este sentido, VOX se declara un partido patriota, defensor de las tradiciones y valores de España y al contrario que otros partidos de extrema derecha europea, es ultracatólico y no critica al sistema capitalista, sino que lucha contra la intervención estatal y piden liberalizar la economía, es decir, es un partido extremadamente liberal para temas económicos y extremadamente conservador y restrictivo en cuanto a política migratoria.

La estrategia de VOX de presentarse como un Partido Popular pero más extremo no cuenta con un discurso atractivo para atraer a sectores de la población que vayan más allá de los que coincidiendo ideológicamente con el PP, estén descontentos con dicho partido. En lo que respecta a su pasado, su estrategia es la de romper con el franquismo y el falangismo, ya que es consciente del agotamiento de este tipo de símbolos y discursos. VOX se diferencia también de los partidos de extrema derecha europea en que es un partido defensor del sistema capitalista actual (aunque pretenda ir a más) y los otros partidos europeos (por ejemplo el FN en Francia o el PVV en Holanda) son partidos que luchan contra el sistema y que declaran a sí mismos como “antisistemas” y pretenden acabar con el propio sistema capitalista en todos los sentidos, idea que difiere mucho de la de VOX.

Además de por la ya mencionada aparición de Podemos —y también de Ciudadanos como respuesta liberal de derechas para frenar el auge de éste último— VOX se coloca en una postura intermedia. No se adscribe al pasado franquista, pero tampoco ha adoptado la estrategia populista que está teniendo éxito en Europa. Por estos motivos, no ha logrado rentabilizar electoralmente la coyuntura política actual, hasta el momento. Pero, como exponemos en el contexto (ver apartado anterior), el conflicto catalán está reavivando a la ultraderecha española. VOX está aprovechando esta crisis para ampliar su base electoral, especialmente mediante su entrada en causas judiciales contra los líderes del proceso independentista. Esta estrategia les ha permitido aumentar el número de afiliados en un 20% (de 3.410 a 4.119) en los últimos tres meses. Por el momento, no se puede saber si lograrán plasmar esta tendencia al alza en representación parlamentaria. El diario El Español publicó en noviembre de 2017 una encuesta que le otorgaba un 2% y un escaño en el Congreso de los Diputados, lo que supondría el mayor éxito de una formación ultraderechista desde la entrada en el Congreso de Blas Piñar en 1979. Más allá de VOX, en España hay una constelación de partidos y agrupaciones ultraderechistas y xenófobas de diversas corrientes y procedencias, que se pueden clasificar entre nostálgicos y renovadores.

La ultraderecha nostálgica y continuista

Dentro de los nostálgicos, históricamente la corriente de extrema derecha por excelencia en España es el falangismo o nacionalsindicalismo. Sus principales ideólogos son José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española, una adaptación del fascismo italiano clásico; Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma Ramos, fundadores de las Juntas de Ofensiva Nacional, principal referente en España del nacionalsindicalismo. Ambas organizaciones se fusionaron para crear la FE de las JONS en 1934. Tras ser el principal soporte ideológico del régimen franquista durante los primeros años de la dictadura, e ir perdiendo peso progresivamente a medida que el aperturismo se iba imponiendo, tras la muerte de Franco esta corriente permanece en España como un vestigio. Las luchas internas para reivindicar este legado se han sucedido desde entonces. El heredero clásico es la Falange Española de las JONS, fundado en 1976 (no confundir con la otra Falange, denominada “La Falange” y creada en 1999). La FE de las JONS relaciona la “cesión de soberanía” con “la apertura de fronteras” y lo enmarca en un proceso de “islamización de Europa”. Mantiene una postura crítica con la Unión Europea, a la que acusa de “mercantilista”, y de abrir sus fronteras para permitir la entrada de mano de obra barata desde el extranjero en favor de las multinacionales, con la consecuente pérdida de identidad nacional y el debilitamiento de las fronteras.

La ultraderecha renovadora y rupturista

Además, existe en España una corriente renovadora que trata de romper con la herencia y la simbología nacionalcatólica y falangista procedente del franquismo. Es de esta corriente sobre la que existe un mayor riesgo de que crezca un partido xenófobo y populista como los que han surgido en todo el continente, puesto que se trata de organizaciones ultraderechistas con relaciones europeas mucho mayores y con claras influencias ideológicas de este tipo de partidos. Si en el caso de los continuistas con el régimen franquista Fuerza Nueva fue el referente a la muerte del dictador, el origen de la corriente renovadora se encuentra en el Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE). Fue un think tank neonazi fundado en 1966 y disuelto en 1993, cuyo objetivo era la renovación ideológica de la extrema derecha en España mediante el acercamiento a las corrientes europeas. Sirvió de cobijo a antiguos integrantes de la División Azul y oficiales de las SS y de la Gestapo como el belga Leon Degrelle.

Dentro de esta corriente, encontramos, en términos generales, dos tipos de organizaciones. Por una parte, los nacional-revolucionarios, que no ponen tanto foco en los resultados electorales, sino que se dedican más a la actividad callejera y militante, y a generar tejido social. Han adoptado prácticas asociadas tradicionalmente a la izquierda, como la ocupación de edificios para crear centros sociales, con la diferencia de que, en lugar de dedicar sus acciones a toda la sociedad, sus actividades únicamente van destinadas a los autóctonos, estableciendo un sesgo nacional. La más destacada en este sentido es el Movimiento Social Republicano (MSR), registrado oficialmente en 1999 y liderado históricamente por Juan Antonio Llopart. Este partido tiene su origen en Alternativa Europea-Liga Social Republicana (AE-LSR), de ideología nacional-bolchevique, que forma parte de la Alianza Europea de Movimientos Nacionales, junto a Jobbik (Hungría), el Partido Nacional Renovador (Portugal), el Partido Nacional Británico (Reino Unido) y el Movimiento Social Llama Tricolor (Italia). Este último es una escisión del Movimiento Social Italiano, partido fundado en 1946 por los seguidores de Mussolini y que ha sido un referente para los nacional-revolucionarios de toda Europa. En cuanto a su discurso, se caracteriza por una fuerte crítica tanto al capitalismo como al socialismo, lo que se conoce como la Tercera Vía. Por tanto, reclaman a las élites financieras que asuman su responsabilidad por la crisis económica al mismo tiempo que desarrollan una actitud abiertamente racista y xenófoba.

Por último, también dentro de la corriente renovadora, llegamos a las organizaciones que son el objeto concreto de este estudio, la nueva extrema derecha caracterizada por una transformación discursiva e ideológica que pasa por la xenofobia populista y el identitarismo nacional. Por las razones ya expuestas, España supone una excepción dentro de este auge generalizado en el continente europeo, lo que no supone que este tipo de formaciones no existan, aunque hasta el momento no hayan logrado ningún éxito electoral relevante. Este tipo de partidos sitúan explícitamente a la migración como problema y amenaza tanto para el desarrollo social y económico, como para la conservación de la cultura y la identidad nacional.

Como apuntamos anteriormente, la ultraderecha sufrió un duro golpe tras el desplome de Fuerza Nueva y el fracaso del golpe de Estado de Tejero en 1981. Entonces, se inició un proceso de transformación que cristalizó en 1995 en Democracia Nacional (DN), liderado por Manuel Canduela. Este partido procede de la confluencia entre Juntas Españolas (intento fallido de aglutinación de la extrema derecha durante la década de los 80), integrantes de la disuelta CEDADE y algún escindido del Partido Popular, como Carlos Ruiz Soto (fundador de Alianza Popular). Busca aplicar el lepenismo del Frente Nacional francés, el cual ya entonces se situó a la vanguardia de la renovación de la extrema derecha europea. Por tanto, sus esfuerzos se concentran en criminalizar a la migración y fortalecer el nacionalismo para defender a España de esta ‘invasión’.

Democracia Nacional lleva presentándose a elecciones desde 1999 en España. Aunque su mejor resultado fue en las de marzo 2004, en las que obtuvo 15.180 votos, es decir, el 0.06% de los sufragios emitidos. Pese a no presentarse a las elecciones del 26 de junio de 2016 (sí lo hizo en las de diciembre de 2015, obteniendo 1.685 votos), es importante destacar a este partido ya que ha gobernado en algunos municipios, como es el caso de Tardajos (Burgos), donde llegó a un pacto con el PP o Herradón de Pinares (Ávila); además de tener concejales en Benicarló y Campos de Cuenca.

DN formó parte de otro intento de reunir a la ultraderecha, Plataforma 2000, compuesta además por Movimiento Social Republicano, entre otras formaciones. De este nuevo fracaso surgió España 2000, liderado por Juan Ripoll (exdirector de Relaciones Exteriores de DN) y el empresario valenciano José Luis Roberto, que continúa la misma senda ideológica y discursiva abierta por Democracia Nacional. En lo que respecta a la inmigración, se refieren a ella como un “lastre económico”, una “bomba demográfica”, y le achaca “generar tensiones en la sociedad”. Sus principales caladeros electorales son la Comunidad Valenciana, donde en 2011 obtuvieron un 1,24% en las elecciones generales, y la Comunidad de Madrid, donde en las municipales de 2015 revalidaron concejales en Alcalá de Henares (con un 5,8%), San Fernando de Henares (6,5%), Velilla de San Antonio (5,9%) y Los Santos de la Humosa (25%), sumando diez concejales en todo el territorio español.

Pero la formación de ultraderecha que ha utilizado la estrategia de la xenofobia populista y que ha tenido mayor éxito en los últimos años es Plataforma per Catalunya (PxC). Uno de los motivos por los que logró relevancia fue debido a su líder, Josep Anglada, antiguo militante de Fuerza Nueva, quien gracias a sus numerosas apariciones en medios de comunicación llegó a conocerse como el “fenómeno Anglada”. El hecho de tener un líder carismático con presencia mediática es uno de los factores que permitieron el crecimiento de este partido, pero no el único. Desde su fundación en 2001, este partido ha centrado su discurso en la inmigración, apelando especialmente a argumentos islamófobos. De hecho, uno de los sucesos que lanzó a Anglada y a PxC a los medios fue su oposición a la construcción de una mezquita en Premiá del Mar. Otros dos elementos característicos de este partido es su fuerte apuesta por el municipalismo, y su posicionamiento en el eje autóctono/extranjero, alejándose así del conflicto nacionalista interno de España con Cataluña. Esto se debe, obviamente, a que su ámbito territorial es Cataluña, por lo que la mejor manera de obtener votos es no polarizando a la población en torno a esta cuestión, sino unirla frente al ‘otro’ exterior, en este caso, el inmigrante.

La trayectoria electoral de PxC se caracteriza por un ascenso seguido por un proceso de declive en el que actualmente se encuentra inmerso. Fijándonos en las elecciones municipales, en las primeras a las que se presentó, las de 2003, obtuvo 3.309 votos (0,4%) y cuatro ediles. En 2007 aumentó hasta los 12,447 votos (0,4%) y 17 ediles. En 2011 fue cuando experimentó un mayor incremento y su mayor éxito hasta la fecha, con 65.905 votos (2,3%) y 67 ediles. Sin embargo, en 2015 obtuvo 27.348 votos (0,8%) y bajó hasta los ocho ediles. El motivo principal de su caída es que a partir de 2011 empezó el proceso independentista de Cataluña, por lo que el discurso antinmigración perdió peso, y la sociedad catalana aumentó su brecha interna entre partidarios de la independencia y partidarios de permanecer en el Estado español. Además, las disputas internas también les perjudicaron: Anglada fue expulsado del partido por el consejo ejecutivo, acusado de llevarse dinero del partido, y sustituido por Josep Maria Armengol.

Actualmente, la ultraderecha española ha iniciado su enésimo esfuerzo de reagrupación. Esta vez, España 2000 y Plataforma per Catalunya, junto al Partido por la Libertad (PxL), han fundado la coalición Respeto. Esta federación apuesta por la fórmula que hasta el momento mejores resultados les ha dado a la extrema derecha española, un municipalismo basado en la xenofobia y la defensa de la identidad nacional. Hasta el momento no se han presentado a ningún comicio, ya que la plataforma se creó el pasado 23 de abril.

Hogar Social Madrid

A Hogar Social Madrid (HSM) le dedicamos un apartado específico porque, pese a no tratarse de un partido político, es la organización que está logrando más visibilidad en los últimos años debido a su estrategia (ocupación de edificios para utilizarlos como centros sociales solo para españoles, manifestaciones y acciones violentas en contra de los inmigrantes, en general, y de los musulmanes, en particular). Se trata de un colectivo de ultraderecha cuya ideología se encuentra entre el neonazismo, el neofascismo y el nacionalsindicalismo. Esto se debe principalmente a que algunos de sus fundadores pertenecían o eran simpatizantes del Movimiento Social Republicano, mencionado anteriormente en este informe, y de su organización juvenil, Liga Joven. Sin embargo, es importante destacar que el MSR se desligó de las ocupaciones de locales realizadas por el HSM, llegando incluso al conflicto entre ambas organizaciones. Por otra parte, uno de sus mayores referentes es Ramiro Ledesma Ramos, líder de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista y el principal impulsor del nacionalsindicalismo español, lo que explica la relación de Hogar Social Madrid con la Falange Española de las JONS. Aún así, los integrantes de HSM rechazan calificativos como “neonazis” o “neofascistas”, para autodenominarse “socialistas” o “social-patriotas”, evocando a la República Social Italiana de Mussolini. De hecho, su líder, Melisa D. Ruiz, también rehúsa calificar a las propias JONS y a la Falange Española como “de derechas”, ya que ella identifica a la derecha con el liberalismo.

En cuanto a sus relaciones con otros partidos similares en el panorama europeo, este colectivo afirma que se nutre más de Amanecer Dorado (Grecia) que del Frente Nacional (Francia). Otro movimiento en el que se ha inspirado es el italiano CasaPound, del que han adoptado la práctica de la ocupación de edificios.

Pancarta desplegada por Hogar Social en el edificio que han ocupado ilegalmente junto a la plaza de Colón en Madrid, el 29 de agosto de 2017. Foto: Natalia Diez.

También hay que destacar que Hogar Social Madrid, pese a no ser un partido, acumula una masa importante de seguidores que en algunos casos se alimentan de ultras de equipos de fútbol como el Atlético de Madrid y el Real Madrid. De hecho, existen conexiones entre ambas organizaciones ultras, que dejan de lado su rivalidad deportiva para converger políticamente en Hogar Social Madrid. Suburbios Firm es una peña ultra que fue expulsada del Frente Atlético (grupo de ultras del Atlético de Madrid) por su cercanía a UltraSur (grupo de ultras del Real Madrid). A su vez, este último actualmente se encuentra liderado por Antonio Menéndez Moriles, conocido como “el Niño”, antiguo ultra del Atlético de Madrid.

Como prueba de esta conexión, en un vídeo, realizado por el colectivo Chamberí Antirracista, identificaron en uno de los edificios ocupados por HSM a los ultras José Manuel de San Antonio (coordinador de UltraSur en Coslada), Javier “Tatuez Maderfaker” (miembro de UltraSur y cantante de Post Mortem, banda de música autoadscrita al género Rock Against Communism, de ideología neonazi), Jonathan Álamo Baragüita (miembro de UltraSur, militante de MSR y colaborador de ANR) y Raúl Acevedo Cazallas (miembro de UltraSur, militante de la Liga Jóven (juventudes del Movimiento Social Republicano) y exmilitante de Combat España, grupo neonazi).

Las apariciones de este colectivo en los medios de comunicación son habituales, sin que necesariamente esta atención se refleje en su capacidad para movilizar o sus apoyos. Por ello hemos querido fijarnos en el respaldo que reciben en las redes sociales de Internet:

Facebook:
Página “Hogar Social”: 72.588 Me Gusta.
Grupo “SÍ AL HOGAR SOCIAL”: 939 miembros.
Twitter:
Cuenta “Hogar Social Madrid” @HogarSocial_Mad : 21K seguidores / 3 siguiendo / 912 tweets.
Instagram:
Cuenta “Hogar Social”: 6.210 seguidores / 0 seguidos / 93 publicaciones.
Este odio y política común de rechazo a lo extranjero les ha llevado a realizar acciones conjuntas, como por ejemplo recogidas de alimentos solo para españoles, una acción inspirada en la ultraderecha de Grecia (Amanecer Dorado). No olvidemos tampoco la islamofobia y los actos de boicot a todo aquello que suene a árabe (sin necesidad de ser musulmán) o a todo aquello que sea musulmán (ver fotografía de la pancarta desplegada en la fachada del edificio ocupado junto a la Plaza de Colón, en el verano de 2017).

Conclusiones sobre la la ultraderecha en España

Hasta el momento, pese a que se está abriendo un espacio electoral a la derecha del Partido Popular, ninguna formación de ultraderecha ha logrado un resultado significativo. Las múltiples formaciones xenófobas continúan intentando encontrar un espacio de confluencia en el que aunar fuerzas a pesar de sus diferencias ideológicas. Para ello, el ámbito local o municipal es el espacio más propicio porque la cercanía con los votantes permite poder introducir en el debate público el tema que mejores resultados está dando a la ultraderecha en el resto de Europa: la inmigración. Sin embargo, el conflicto catalán es un elemento desestabilizador que está marcando la diferencia con el resto de Europa al respecto del auge de la ultraderecha. En Europa, los Estados se repliegan en torno a su identidad nacional, que en la mayoría de los casos es prácticamente homogénea, lo que les permite situar al enemigo en la persona extranjera. En el caso español, su condición plurinacional genera enemigos internos en el resto de nacionalidades periféricas que pretenden independizarse del nacionalismo centralista español. De cara a un futuro próximo, este terremoto político puede abrir grietas lo suficientemente grandes por las que emerja una formación xenófoba que ocupe el espacio que se está creando a la derecha del Partido Popular. Por el momento, VOX es la mejor posicionada, pero la postura de Ciudadanos —un partido de ideología liberal— ante el proceso independentista, en el cual en muchos casos se ha mostrado más duro que el propio Partido Popular —en parte debido a que es una formación de origen catalana y tiene ahí su principal caladero de votos— puede provocar que la fuga de votos del PP recale en Ciudadanos casi en su totalidad. Esto quiere decir que si bien es cierto que a la derecha del PP se está creando un espacio electoral, no tiene por qué ser ocupado por un partido abiertamente xenófobo y populista, ya que el voto populista fue captado en su momento por Podemos.

Sin embargo, el hecho de que no haya visos de que surja una fuerza política con miras a obtener un resultado electoral similar al de otros partidos homólogos en Europa, no es, ni mucho menos, motivo suficiente para relajarse y seguir considerando a España una extraña excepción. Los primeros síntomas ya están ahí. La ultraderecha, que durante décadas ha estado relegada a una posición marginal tanto a nivel electoral como en la esfera pública y mediática, ha comenzado a ganar terreno y salir a la luz sin ningún complejo. Pero, el conflicto catalán les está permitiendo disfrazar su ideología extremista y xenófoba bajo el manto de la bandera de España y la defensa de su unidad, integrándose dentro del bloque unionista/constitucionalista, pudiendo así utilizar como amparo la propia Constitución del 1978. Además, el hecho de que no tengan ninguna representación política relevante está provocando un efecto contagio, ya que el PP asume y pone en práctica reclamaciones de la ultraderecha para así seguir abarcando el mayor espacio posible de la derecha en el espectro político español.

Los ejemplos del aumento de las movilizaciones ultraderechistas y xenófobas en los últimos tiempos son múltiples. Las grandes manifestaciones del 8, el 12 y el 29 de octubre en contra de la independencia de Cataluña y a favor de la unidad de España han sido convocadas en Cataluña por Sociedad Civil Catalana (SCC), una organización de la sociedad civil que surgió como oposición a Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Omnium Cultural. En estas manifestaciones las formaciones de ultraderecha anteriormente analizadas han aprovechado la coyuntura para normalizar su aparición pública, y, aunque SCC rechaza cualquier agresión violenta y se desmarca de este tipo de organizaciones, sus vínculos vienen ya desde la propia creación de esta asociación.

En cuanto a agresiones directas, a raíz de los atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils, Hogar Social Madrid irrumpió en el minuto de silencio dedicado a las víctimas a las puertas del Ayuntamiento de Madrid, y atacó una mezquita en Granada. Por otra parte, en torno al conflicto catalán, las agresiones ultraderechistas se han sucedido con frecuencia. Unidos Podemos convocó una asamblea en Zaragoza en favor del referéndum a la que acudieron alcaldes de diversas ciudades y altos cargos de esta coalición, así como de las confluencias. Un grupo de manifestantes de ultraderecha rodearon el edificio en el que tuvo lugar e incluso llegaron a agredir a la Presidenta de las Cortes de Aragón lanzándole una botella. Otro ejemplo, en la manifestación del 9 de octubre en Valencia (en la que se celebra el día de la Comunidad Valenciana) un conjunto de asaltantes de extrema derecha atacó a los manifestantes provocando disturbios y dejando heridos.

En definitiva, aunque por otras causas, España mantiene su situación de excepcionalidad respecto de la ultraderecha. Sin embargo, ya no se trata de meros indicios sino de una situación de creciente normalización y de giro a la derecha del debate político. Aunque ahora el motor de este tipo de formaciones sea el conflicto catalán, es de esperar que, una vez remita, aprovechen el terreno ganado y retomen la estrategia de la xenofobia populista que empezó a dar resultados hasta la irrupción del proceso independentista de Cataluña, y traten de crecer a costa de la criminalización de la inmigración.

Discurso antinmigratorio

Por último, podríamos afirmar que muchos ultraderechistas declarados en España pueden llegar a identificarse más con otros partidos que precisamente no son de ultraderecha. De este modo, un partido como el PP puede abarcar un sector muy heterogéneo de la derecha en España, desde los conservadores moderados de centroderecha, hasta secciones más radicales de ultraderecha. ¿Por qué sucede esto? El sujeto contra el cual la ultraderecha se aglutina principalmente es el inmigrante, como explicación de la mayoría de los males de la nación y, por tanto, muchos basan el voto en función de las políticas relacionadas con la migración. Pues bien, pese a que estos sectores radicales no estarán de acuerdo en otro tipo de medidas, las políticas migratorias que aplica el PP (más allá de su discurso, que es más moderado que el de partidos de ultraderecha) no son tan moderadas, y se asemejan a las de otros partidos europeos de su grupo, como el Fidezs-Unión Cívica Húngara de Viktor Orbán, al que le ocurre algo similar en Hungría.

Los dos ejemplos más destacados de un discurso público antinmigratorio entre las filas del PP los hemos encontrado en Xavier García Albiol y en Javier Maroto, dos políticos que han ostentado las alcaldías de Badalona y Vitoria, respectivamente.

García Albiol, siendo alcalde de Badalona (2011-2015), realizó discursos con expresiones discriminatorias hacia los inmigrantes. “Nuestro objetivo es conseguir amargarles y que se marchen legalmente de la ciudad, no les queremos en Badalona”, dijo en 2012. Una de esas declaraciones provocó una querella por parte de SOS Racisme y la Federación de Asociaciones Gitanas de Cataluña (FAGIC), que fue admitida a trámite en el año 2010, por fomentar el odio desde las instituciones (en base al artículo 510 del Código Penal) al relacionar a la inmigración gitana-rumana de Badalona con la delincuencia de la ciudad. El Partido Popular en Badalona, del cual era responsable en aquel momento García Albiol, repartió unos folletos que vinculaban inseguridad e inmigración y en los que aparecía una fotografía junto al texto “no queremos rumanos”.

En 2015, Albiol encabezó una campaña electoral bajo el ambiguo lema “Limpiando Badalona”, que muchos interpretaron como una alusión a los inmigrantes de la ciudad.

En enero de 2017, la concejala de Participación y Convivencia de Badalona, Fátima Taleb, denunció actos de odio y xenofobia por su opción religiosa musulmana. En unas declaraciones, Taleb atribuyó estas agresiones al discurso del ya exalcalde Xavier García Albiol “que se dedicó durante su mandato a sembrar el odio y a dividir a la ciudadanía” vinculando la pobreza, el paro y la falta de seguridad a la llegada de personas de procedencia extranjera e incluso con el terrorismo islámico. Albiol emitió un tuit como respuesta, diciendo lo siguiente: “que una concejal musulmana de #badalona me acuse porque se meten con ella por la calle, es una buena excusa para tapar su incompetencia”. La portavoz de SOS Racisme en Catalunya, Beatriu Guarro, consideró que la respuesta en Twitter de Albiol es una forma de “justificar la agresión” y estudió una posible demanda.

Las declaraciones de García Albiol no han sido retractadas por el Partido Popular ni el político, ahora portavoz del PP en el Parlament de catalunya, ha sido sancionado por ellas.

Declaraciones racistas y xenófobas no se han dado solo en el PP de Cataluña, también en Andalucía, donde en el Ayuntamiento de Carmona, gobernado por el PP, se preguntó a estudiantes si desearían echar a los inmigrantes de España o no. Y en el País Vasco, donde Javier Maroto fue alcalde de Vitoria (2011-2015). SOS Racismo Álava también se querelló contra Maroto por unas declaraciones de 2014 en las que acusaba a los inmigrantes magrebíes de “vivir de las ayudas sociales y no querer trabajar ni integrarse”. El Fiscal Superior del País Vasco archivó la denuncia por entender que Maroto ejercía su derecho a la libertad de expresión.

Con estos perfiles antinmigratorios integrados en el Partido Popular, este juega una baza importante para acaparar el voto de la población que está convencida de que la inmigración es mala para España. Mientras el PP permite estas expresiones dentro de su partido, no se hacen fuerte otros partidos con discurso antinmigratorio en España.

Islamofobia en España

La islamofobia se define como la aversión, el rechazo y la hostilidad hacia el Islam y lo supuestamente relacionado con él –sea cierto o no- y hacia los musulmanes. En España, la islamofobia ha arraigado como un problema estructural, y su incidencia no se limita, como antaño, a las posiciones racistas de la extrema derecha. Esa situación, por otra parte, puede fácilmente extrapolarse al resto de la Unión Europea, dice Alberto López Bargados, profesor de antropología social en la Universidad de Barcelona.
El repunte de ataques islamófobos y actos de odio hacia la comunidad musulmana y la inmigración producido tras los atentados de Catalunya del 17 y 18 de agosto de 2017 confirma lo que dice el Informe sobre la Islamofobia en España 2016: “Cada vez que DAESH, u otros grupos similares, cometen actos terroristas en territorio europeo, la islamofobia repunta espectacularmente logrando así sus objetivos: transmitir una imagen de fuerza en sus territorios ocupados, fomentan la islamofobia en países de Europa en los que muchos musulmanes ya se sentían ciudadanos de segunda”.

La Plataforma Ciudadana contra la Islamofobia (una asociación independiente creada en 2011 y adherida al Consejo de Víctimas de Delitos de Odio y Discriminación (COVIDOD) y al NO HATE SPEECH Movement) viene realizando informes anuales sobre islamofobia en España desde 2014. Según los incidentes (no necesariamente denuncias policiales) recogidos por la plataforma, se advierte un incremento del 106,12% respecto al año 2015.

Casos recopilados:

2009: 29
2010: 28
2011: 37
2012: 43
2013: 45
2014: 49
2015: 278
2016: 573

Los 573 de 2016 han sido clasificados así:

Estigmatización, ofensas, insultos y calumnias: 109
Explotación de miedos, amenazas y falsificación de informaciones: 48
Entrevistas y artículos divulgativos de islamofobia: 62
Presunta incitación, apoyo y actos de intolerancia, discriminación y violencia: 96
Campañas, propaganda, música del odio, agitación en redes y activismo: 258

Y, respecto a las víctimas:

Incidentes dirigidos contra los musulmanes en general y contra el Islam: 284
Incidentes dirigidos contra hombres: 10
Incidentes dirigidos contra mezquitas: 72
Incidentes dirigidos contra mujeres: Violencia de Género de naturaleza islamófoba: 81
Incidentes dirigidos contra niños: 23
Incidentes dirigidos contra no musulmanes: 38
Incidentes dirigidos contra otros lugares: Incidentes islamófobos perpetrados contra sedes de oenegés, sedes de partidos políticos, establecimientos, locales, plazas, vías públicas, etc.: 34
Incidentes dirigidos contra refugiados: 31

Aparte, han intentado analizar la islamofobia en internet, admitiendo la imposibilidad de abarcarlo todo y entendiendo que los datos recogidos finalmente se quedan en una muestra. Han analizado 436 noticias con contenido, titulares o comentarios islamófobos.

En una perspectiva más general, la Secretaría de Estado de Seguridad (Gabinete de Coordinación y Estudios) del Ministerio del Interior en su Informe sobre incidentes relacionados con los delitos de odio en España del año 2015, recoge 1.328 incidentes (lesiones, amenazas, injurias, etc) relativos a discriminación.

En la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2016, la Fiscalía recoge 228 procedimientos judiciales, 84 diligencias de investigación, 52 escritos de acusación y 60 sentencias en diferentes artículos relacionados con la discriminación (amenazas, provocación, difusión de información injuriosa, contra los sentimientos religiosos, delitos con agravante, etc.). Contra los sentimientos religiosos, solo hay uno en cada apartado. Pero la Fiscalía no distingue los motivos por los que se producen estas actuaciones. El motivo de ello es una carencia técnica del sistema informático y estadístico que impide llevar ese control, aunque del examen de las memorias territoriales se extrae que las principales causas son el racismo y xenofobia, los motivos ideológicos o de orientación política y los motivos de identidad sexual. También se observa un progresivo crecimiento de los hechos denunciados y cometidos por intolerancia religiosa, siendo la mayoría casos de islamofobia.

Esta falta de documentación es aplicable a Europa en general. En el informe anual de la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI), esta institución apunta que los incidentes de islamofobia en Europa no están siendo suficientemente bien reportados y documentados. ECRI advierte de que la islamofobia y el sentimiento de rechazo a los refugiados están incrementándose en Europa: los argumentos antimusulmanes han traspasado el ámbito social para ser abrazados por líderes políticos relevantes, generando un crecimiento del discurso populista xenófobo, según indica la ECRI en su último informe. En él se resalta que hay una xenofobia institucional que se manifiesta en políticas y prácticas en algunos de los Estado miembros de la UE. La islamofobia aparece a través del discurso del odio, la violencia y la identificación por etnia o religión. Los musulmanes son discriminados en Europa en varios aspectos de la vida social, incluyendo la educación, el empleo y la vivienda.