Noruega, la coalición de Gobierno envenenada

La ministra noruega de trabajo y asuntos sociales, Anniken Hauglie.

Noruega, que celebró elecciones el 11 de septiembre de 2017, es otro de nuestros objetos de análisis sobre el fenómeno de la antinmigración y es especial porque desde 2013, el Partido del Progreso, de ideología islamófoba y xenófoba, forma parte de la coalición de Gobierno en un país de tradición democrática, rico e igualitario.

Contexto social y político

Con solo 5 millones de habitantes, es una economía próspera, fuerte, con un generoso estado del bienestar, muy bajos índices de desempleo (4,8% en 2016), de desigualdad y corrupción. En 2015 fue clasificado como el país con el más alto índice de desarrollo humano, además de estar entre los países de cabecera en la lista de los más pacíficos, seguros y democráticos (The Economist). Su riqueza se debe en gran parte al descubrimiento en los años 60 de gas y petróleo en el Mar del Norte. Hoy día, el 96% de su población tiene conexión a internet.

Cofundador de la OTAN, Noruega rechazó por referéndum ser miembro de la Unión Europea en dos ocasiones, aunque es parte del Espacio Económico Europeo y del Espacio Schengen. Es un actor internacional muy activo y comprometido con la ayuda humanitaria y la cooperación al desarrollo, con papeles de intermediación en los conflictos más complicados (Israel y Palestina, Sri Lanka) además de participar activamente en la coalición internacional anti-ISIS, y con acciones militares en Afganistán, Irak y Libia.

Noruega es una monarquía constitucional con un sistema parlamentario de gobierno. El Parlamento (Storting) es unicameral, pero una vez renovada su composición, sus miembros se eligen entre ellos para formar una cámara alta (Lagting) y los restantes compondrán la Cámara Baja (Odelsting).

Tras dos mandatos de gobiernos laboristas, desde las elecciones de 2013, la Primera Ministra conservadora, Erna Solberg, encabeza una coalición de Gobierno con la extrema derecha del Partido del Progreso, que acaba de ser reeditada tras las elecciones del 11 de septiembre de 2017. Al frente de un nuevo gobierno paritario, fueron además apoyados en su investidura por los partidos centristas, los Liberales y los Cristiano Demócratas.

Las recientes elecciones dieron como ganadores a los socialdemócratas con un 27,4% de los votos (49 escaños) insuficiente para formar gobierno. Los conservadores del Høyre perdieron 3 escaños (obtuvieron 45) y los populistas del Partido del Progreso tan solo perdieron 2 escaños (27 en la actualidad), es decir que salieron indemnes de la crisis económica y de la gestión de la crisis de los refugiados, siendo respaldados por el electorado que castigó a los socialdemócratas con la pérdida de 6 escaños y premió al Partido del Centro (que pasa de 10 a 18 escaños) y al Partido de la Izquierda (que pasa de 7 a 11 escaños) dando entrada en el Storing a Los Verdes (1 escaño) y al Partido Rojo (1 escaño).

En enero de 2018, las líderes del Partido Conservador (la primera ministra Erna Solberg), la del Partido del Progreso (Siv Jensen) y Trine Skei Grande, del Partido Liberal (Venstre) comenzaron las negociaciones para la composición del nuevo Gobierno de coalición. Los Demócratas Cristianos (Kristelig Folkeparti) no formarán parte de las conversaciones al rechazar formar parte de cualquier coalición que incluya a los populistas. El menor apoyo electoral de los dos socios del gobierno anterior y la entrada de los liberales en el ejecutivo podría suavizar su discurso antinmigración.

A principios de 2017, Noruega contaba con 725.000 inmigrantes y 159.000 nacidos en Noruega de padres inmigrantes, alcanzando el 16,8% de la población total. Sólo en 2015, registró a 13.490 refugiados de Eritrea; 8.600 de Somalia, 5.684 de Afganistán y 2.561 apátridas. A comienzos de 2016, había 698 600 inmigrantes y 149 700 nacidos en Noruega de padres inmigrantes siendo los de origen sirio los mayor crecimiento (11.100), alcanzando la cifra en 2017 de 20.800 sirios, además de 1.500 nacidos en Noruega de padres sirios. El mayor grupo lo forman los inmigrantes polacos con 97.200 personas, seguidos de lituanos (37.600), suecos (36.300) y somalíes (28.700). En el caso de personas nacidas en Noruega de padres inmigrantes, la mayoría proceden de Pakistán (16.700), Somalia (12.800) y Polonia (11.000). Oslo tenía la población más grande de inmigrantes y nacidos en Noruega de padres inmigrantes (33% de la población total del capital, con más de un 50% en algunos de sus barrios), seguido de Båtsfjord (29%) y Drammen (28%).

En 2015, Noruega adoptó una dura política de asilo, después de que más de 5.500 solicitantes de asilo cruzaran la frontera noruega en Stoskog desde Rusia cambiando la ruta mediterránea por la peligrosa travesía del Ártico. Estos refugiados fueron informados del rechazo de sus solicitudes y solo unas horas después fueron deportados a Rusia sin oportunidad de apelar; familias con niños y ancianos fueron expulsados a -30ºC. Naciones Unidas, a través de su Alto Comisionado para los refugiados en Europa, Vincent Cochetel, advirtió de la posible violación por parte de Noruega de la Convención de la ONU sobre refugiados, pero finalmente no hubo sanciones.

Hay que tener en cuenta que Noruega, sin pertenecer a la UE, decidió voluntariamente participar en el programa de reubicación y acogida de demandantes de asilo procedentes de Siria puesto en marcha por Bruselas hace dos años, y sus cotas de acogida están a años luz de, por ejemplo, las españolas.

El Gobierno de los conservadores y la extrema derecha del Partido del Progreso logró aprobar un endurecimiento de la Ley de Asilo, con amplio apoyo parlamentario, incluso del Partido Laborista.

La última iniciativa del anterior Gobierno, anunciada el 12 de junio, a menos de dos meses de las elecciones, pretendía prohibir el velo facial integral islámico en todos los centros educativos (guarderías, colegios y universidades) con sanción incluso de despido para las profesoras o de expulsión para las alumnas que lo incumplan. Fue el primer estado escandinavo en llevar a cabo una prohibición de este tipo con rango legal, aunque se permitía a nivel municipal. La razón dada por la ministra de Inmigración, del Partido del Progreso, es que «el velo que cubre toda la cara, como el niqab o el burka, no encaja en la escuela noruega y la habilidad para comunicar es un valor básico». Se espera que esta iniciativa cuente en el Parlamento con el suficiente apoyo para ser aprobada. La presencia de estos velos es casi testimonial en Noruega por lo que se interpreta como un acto claramente islamófobo en un ambiente de precampaña ante la proximidad de las elecciones.

Noruega ha sido premiada por el World Happiness report 2017 (elaborado por el Programa de desarrollo de las Naciones Unidas-UNDP) como el país más feliz del planeta, pero ¿es esto real?

Lo que parece derivar de los resultados electorales recientes es que la retórica antinmigracion no ha sido castigada, sino premiada. Tras cuatro años con portavoces del Partido del Progreso en ministerios de ámbito social, la repercusión y trascendencia en medios y redes, se ha producido un hábil juego entre conservadores y populistas en el que los segundos lanzaban mensajes islamófobos intolerables que luego los conservadores suavizaba pero que preparaban el terreno para introducir cambios legislativos en la dirección de los populistas. La ministra de inmigración, Sylvi Listhaug, confirmada en el mismo puesto en el nuevo gobierno, lanzó mensajes en redes sociales antes de la Conferencia Nacional de Integración en octubre de 2016 como: “Aquí comemos cerdo, bebemos alcohol y mostramos nuestro rostro. Quien viene aquí debe cumplir los valores, leyes y regulaciones noruegas”, mientras que la Primera Ministra Erna Solberg reconocía en una entrevista que ella personalmente no emplearía a alguien que portara una niqab tapando su rostro. Es decir, que unos y otros, conservadores y populistas, juegan a “policía bueno y malo” para hacer calar el discurso antinmigración que no solo no se castiga sino que acaba por aceptarse y votarse.

Panorama político: partidos y programas

Tras las elecciones de septiembre de 2017, hay nueve partidos que han obtenido representación parlamentaria.

Partido Laborista (Arbeiderpartiet)

El partido mayoritario (55 escaños en 2013, 49 en 2017), de ideología socialdemócrata de centro izquierda (PDF). Liderado por Jens Stoltenberg hasta 2014 (cuando asumió el cargo de secretario general de la OTAN), dando paso a Jonas Gahr Støre, antiguo ministro de Asuntos Exteriores. El Partido Laborista gobernó durante dos mandatos (2005 a 2013) y sigue siendo el partido mayoritario en el parlamento. A pesar de haber votado a favor de la dura reforma de la Ley de Asilo y las restricciones al asilo a menores introducidas con la reforma llevada a cabo por el actual gobierno en 2016, los laboristas quieren trato diferencial en los casos de residencia temporal para menores pero siguen apoyando una regulación “fuerte y justa” del asilo. En su programa, los laboristas reflejan una percepción positiva de la inmigración y del multiculturalismo y proponen aumentar el número de refugiados del cupo de Noruega al menos a 1.500 anuales.

Partido Conservador (Høyre)

De derecha moderada (48 escaños en 2013, 45 escaños en 2017), lidera la coalición de gobierno. Su líder es la primera ministra Erna Solberg. Su programa electoral se basó en reducción de impuestos, la mejora de los servicios públicos y una política migratoria restrictiva, obteniendo el apoyo para la investidura del partido liberal y los cristiano demócratas. Son liberales en lo económico y apoyaron el ingreso en la UE en los dos referendos convocados, aunque hoy no es una prioridad en su programa. También apoyaron la ley de matrimonio homosexual y la de adopción por parejas del mismo sexo.

Partido del Progreso (Fremskrittspartiet, FrP)

Socio minoritario de los conservadores del gobierno en la legislatura de 2013 y en el nuevo gobierno salido de las urnas en 2017. Es un partido autodenominado conservador y liberal clásico pero que es considerado como populista de derechas e incluso de extrema derecha. Hasta las elecciones de 2009 lograron mantenerse como un partido de referencia en Noruega, sin embargo, en las últimas de 2013 bajaron al tercer puesto del Parlamento de Noruega al perder 12 escaños. En 2017 ha perdido uno más, ocupando 28 asientos. El Partido del Progreso considera la inmigración como una amenaza para la cultura y el bienestar noruego. A pesar de haber suavizado alguno de sus mensajes como partido de gobierno, no pueden librarse del estigma de haber tenido como militante al terrorista Breivik, que calificó sus actos de “atroces pero necesarios en la cruzada contra las políticas liberales de inmigración y la expansión del Islam”. A pesar del rechazo del Partido del Progreso a cualquier relación con Breivik, lo cierto es que en sus filas también proliferan simpatizantes de los Soldados de Odin (con origen en Finlandia pero con ramificaciones en Noruega y Estonia), grupos paramilitares de extrema derecha que patrullan las calles de algunas ciudades para “proteger a los ciudadanos de los inmigrantes”, asociandolos a violencia, venta de drogas y asaltos sexuales.

Partido Demócrata Cristiano (Kristelig Folkeparti)

Es un partido centrista que apoyó la investidura del actual gobierno de coalición en 2013 pero que ha rechazado formar parte de la coalición de gobierno en 2017, si formaba parte de la misma el Partido del Progreso. De ideología conservadora pero moderada, se opone al aborto (salvo en caso de violación o en caso de riesgo para la vida de la madre), a la eutanasia, y apoya la anticoncepción para evitar el aborto. Curiosamente ha incrementado su voto por el apoyo de otras religiones, incluido el Islam.

Partido del Centro (Senterpartiet)

Con 10 parlamentarios en 2013 y 18 en 2017, fue socio de gobierno en la anterior coalición rojiverde (2005-2013). Es un partido que se autodefine como de ideología agraria con elementos conservadores y liberales. Es un partido en claro ascenso, que enfrenta a los barrios periféricos y a los núcleos rurales contra las ciudades y la «élite política» de Oslo. La polarización urbano-rural es su tema electoral central pero las propuestas del Partido del Centro han comenzado a incluir mensajes islamófobos (como prohibiciones de vestir niqab o burka en centros sanitarios públicos, en guarderías o en oficinas públicas de la seguridad social, o eliminar cualquier apoyo financiero a congregaciones religiosas cuyos miembros no tengan la ciudadanía noruega). Uno de sus dirigentes justificó su ascenso en las encuestas a la fuerza positiva del “nacionalismo sano” que ellos representan (Ola Borten Moe). Otro de sus combates es la lucha contra el centralismo (de gobiernos locales, fuerzas de seguridad, agricultura) que trata de implementar el actual gobierno para mejorar los servicios y abaratar costes. El partido del Centro quiere precisamente luchar por la descentralización para evitar el éxodo rural y para reforzar las fusiones municipales con mayor base electoral tradicional.

Partido Liberal (Venstre, que significa izquierda en noruego)

Es el partido más veterano en el parlamentarismo noruego. Cuenta con 10 escaños en esta legislatura (9 en la de 2013). Se consideran socioliberales, ecologistas y partidarios del multiculturalismo, abogando por medidas de integración flexibles. Se posicionan en el centro del espectro político.

Partido Socialista de la Izquierda (Sosialistisk Vensterparti)

Se describe a sí mismo como socialdemócrata, ecologista y euroescéptico. Formó parte de la coalición rojiverde del gobierno de 2009. En las elecciones de 2017 han ganado fuerza, consiguiendo cuatro escaños más, ocupando 11 en el parlamento.

Partido Verde (Miljøpartiet de Grønne)

Obtuvo representación parlamentaria por primera vez en las elecciones de 2013 con solo un escaño, el cual ha mantenido en las de 2017. Se distancia del eje izquierda-derecha y se identifica únicamente como partido ecologista.

Partido Rojo (Rødt)

Joven partido de izquierda fundado en 2007 como heredero del disuelto Partido Comunista de los Trabajadores (Arbeidernes Kommunistparti, AKP). Su ideología es marxista y anticapitalista, apostando por una defensa del estado de bienestar noruego amenazado por la inversión para paliar la crisis financiera. Han entrado con un escaño en el parlamento en 2017.

La extrema derecha en Noruega

Aunque el auge de los partidos de extrema derecha es un fenómeno común en Europa, el caso de Noruega, como el del resto de los países nórdicos es especial por su mayor presencia institucional y su común retórica antinmigración, debido a sus sistemas electorales, especialmente en Dinamarca, Suecia, Finlandia y la propia Noruega. Mientras en otros países europeos es el propio sistema el que hace de barrera, bien por el método de doble vuelta presidencial como le ha ocurrido al Frente Nacional francés o el sistema británico de “solo gana uno” británico que dejó sin escaño al UKIP en la Cámara de los Comunes (a pesar de obtener el 12,5% de los votos), en el caso de Finlandia y Noruega, no solo han obtenido una importante representación parlamentaria, sino que han sido socios de gobierno en la última legislatura llevando al gobierno ideas claramente xenófobas e islamófobas en sus programas y hoy en sus políticas.

Sindre Bangstad, antropólogo social de la Universidad de Oslo, autor de “Anders Breivik y el ascenso de la Islamofobia” (2014), estudió el contexto político y social en el que emergió la islamofobia en Noruega y su máximo exponente en el doble atentado del neonazi Anders Behring Breivik que asesinó a 77 personas (la mayoría jóvenes que asistían a un campamento de las Juventudes socialistas en la isla de Utoya) el 22 de julio de 2011.
En “The Politics of Mediated Presence: Exploring The Voices of Muslims in Norway’s Mediated Public Spheres” (2015), Bangstad explora, por el contrario, la experiencia de jóvenes musulmanes noruegos que han tratado de participar en la esfera pública para contrarrestar el discurso crecientemente hostil hacia los musulmanes por parte de las elites liberales.

Bangstad insiste en la transnacionalidad de los discursos, retórica e imaginario de la xenofobia, profundamente inspiradas en el género literario y cinematográfico de “Eurabia”, cuyo primer exponente nacional de esta corriente fue la obra “Con Israel por la paz” (2007) del parlamentario conservador Hallgrim Berg.

El Partido del Progreso fue creado en 1973 con una ideología populista agraria y antimpositiva que se mantuvo hasta los años 90, cuando comenzó a criticar el multiculturalismo de la sociedad noruega y rápidamente pasó a mensajes xenófobos asociando a los inmigrantes y los solicitantes de asilo y el abuso del estado del bienestar. Pasaron de referirse a “la gente” a la noción sociocultural de “nuestro pueblo” (Jupskas, 2015). En Noruega, por tanto, la extrema derecha ha sido parte del panorama político durante varias décadas, gobernando y teniendo representación parlamentaria en los diferentes niveles políticos. En 2006 fue elegida su actual líder, Siv Jensen, hoy confirmada como Ministra de Finanzas, que en 2009 pronunció un discurso en el que advirtió acerca de lo que calificó de «islamización furtiva» de Noruega en el contexto de un debate público sobre si permitir el hijab como parte del uniforme policial y la demanda de alimentos halal en los centros penitenciarios. Aunque el Partido del Progreso era quizás más suave que otras versiones nórdicas de la extrema derecha, el terrible atentado de Breivik en 2011 (antiguo militante), sacó a la luz las oscuras conexiones de la antigua mitología nórdica con la ideología neonazi y supuso un período de derrotas electorales hasta las elecciones de 2013 en las que Siv Jensen supo negociar la coalición con el Partido Conservador y hacerse con las carteras ministeriales más importantes.

El Partido del Progreso utiliza como elemento movilizador principal de su electorado sus políticas antinmigración y antintegración, específicamente cuando se trata de minorías de religión musulmana (en 2015, el 4% de la población), las más impopulares según las encuestas, junto a los romaníes provenientes de Europa Oriental.

En 2009, una encuesta del Instituto de Investigación Social de Oslo constató que el 16% de los que manifestaron sus preferencias de voto por el Partido del Progreso (FrP) se identificaban a sí mismos como pertenecientes a la “extrema derecha”. Pero el discurso político de FrP sobre el Islam, los musulmanes y la inmigración en los años 1987-2011 se basó en ideas y argumentos en gran medida tomados de la extrema derecha europea. Según Bangstad, sería lo que el sociólogo Christopher Bail ha llamado el «efecto marginal» del discurso antimusulmán a raíz del 11-S, es decir, que los argumentos anti-Islam y antinmigratorios que antes eran la reserva de la franja de extrema derecha se han convertido en la Noruega actual en la corriente política mayoritaria. De manera que lo que hasta recientemente era una característica de las clases más pobres de la sociedad, está empezando a penetrar en las clases más privilegiadas y formadas.

En Noruega, el cordón sanitario respecto al Partido del Progreso fue mantenido durante años, pero en 1990, el Partido Conservador lo rompió al aliarse con la extrema derecha para gobernar el Ayuntamiento de Oslo. Desde entonces, el Partido Conservador con el electorado con mayor nivel educativo y adquisitivo, y el Partido del Progreso, con un votante con bajo nivel educativo y probablemente receptor de subsidios sociales, se han convertido hoy día en socios de gobierno en Noruega, y comparten mensajes y políticas antinmigratorias. De hecho, en la coalición de Gobierno previa a las elecciones de 2017, el Partido del Progreso ostentaba las carteras ministeriales más sensibles socialmente, esto es, Hacienda, Justicia e Interior, Igualdad, Infancia e Inclusión Social, Trabajo y Asuntos Sociales, y Migración e Integración.

El Partido del Progreso se arroga como mérito propio el descenso en el número de demandantes de asilo en el primer cuarto de 2015, declarándose orgullosos de la deportación de hijos menores de demandantes de asilo a países que el propio ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) aconseja no enviar por no cumplir las garantías suficientes (como Afganistán, Siria o Eritrea).

En el programa que aparece en su página oficial establecía claramente una relación causal entre la sostenibilidad de los servicios públicos y una reforma de la política migratoria y se apropian del descenso de número de inmigrantes como un éxito de su partido y del gobierno al que pertenecen.

La sociedad civil y el electorado noruego

La sociedad civil noruega tiene larga tradición y es muy activa, con solo 5 millones de habitantes, el 84% de los noruegos son miembros de una o más organizaciones y alrededor de la mitad de la población adulta realiza trabajo voluntario. Noruega se puede considerar una democracia vibrante, con una sociedad civil fuerte, que crea canales de comunicación entre los gobiernos, los grupos de interés y los ciudadanos que están implicados en la sociedad.

Según un estudio del Instituto de estadísticas oficiales noruego (SSB), un tercio de la población pensaba en 2016 que debería ser más difícil para los refugiados y los demandantes de asilo obtener un permiso de residencia, lo que significa un incremento del 4% desde el año anterior. También aumentó la población que piensa que los inmigrantes representan una fuente de inseguridad en la sociedad.

Según la misma fuente, la proporción de encuestados que apoyan firmemente que los inmigrantes deberían tener las mismas oportunidades que los noruegos a la hora de encontrar trabajo (86%) ha descendido un 8%, al igual que los que piensan indudablemente que el trabajo de los inmigrantes supone una contribución positiva a la economía del país (63%).

También aumentó un 7% el grupo de los que apoyan que «los inmigrantes deberían esforzarse en asimilarse a los noruegos lo más posible” (51%) mientras que el 35% está en total desacuerdo.

Esta encuesta desveló, asimismo, que hay menos contacto con la población inmigrante: los que afirman tener contacto (72% en 2016) cayó 6 puntos porcentuales, siendo cada vez menos los que tienen contacto en el entorno laboral, en relaciones familiares e incluso en el contacto diario de cualquier tipo.

Las actitudes hacia los inmigrantes varían según factores como el género, el nivel educativo y el contacto. Así, hay una actitud más liberal en las mujeres, en los que tienen educación superior y entre aquellos con más contacto con la población inmigrante. Es decir, que ser varón, poco educado y carente de contactos con inmigrantes muestra la tendencia opuesta. En cuanto a preferencias políticas, los votantes suelen reflejar las actitudes respecto a los inmigrantes por parte de sus partidos y de la actitud de estos ante la inmigración.

Con motivo de la crisis de refugiados que trataban de cruzar la frontera ruso-noruega el verano pasado en el Ártico, y el anuncio de la construcción de un muro fronterizo de acero, se movilizaron organizaciones civiles (como Refugees Welcome in the Arctic y la Organización Noruega para solicitantes de asilo) y políticos de la oposición denunciando medidas que recuerdan a la guerra fría o incluso a tiempos del nazismo. El alcalde de la conurbación de Soer-Varanger denunció la “existencia de demasiadas barreras innecesarias en la Europa actual, tenemos la obligación de ser un país al que la gente pueda huir de las persecuciones. Esta barrera envía una señal muy negativa, incluso hacia el vecino ruso, con el que no hay obligación de visado”.

Anders Ravik Jupskas, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Oslo y experto en extremismo, analiza el auge del Partido del Progreso (PDF) teniendo en cuenta varios factores como su éxito a nivel local (frente a las élites urbanas y políticas), el efecto multiplicador de los medios de comunicación de masas, la cobertura de los temas clave (acontecimientos puntuales de alarma social) y el fortalecimiento de los vínculos con las organizaciones de la sociedad civil. Por otra parte, el partido ha sido duramente criticado por la sociedad civil, incluida la Iglesia y los sindicatos. Además, señala Jupskas que, en su aspecto interno, el Partido del Progreso ha jugado más la baza del antiestablishment que la del antisistema, mientras que su posición antinmigración ha sido enmarcada como una amenaza cultural más que como un elemento de supremacía racial, lo que le ha permitido defenderse de las acusaciones de racismo. Su elemento antislámico es el que más ha cobrado protagonismo en su programa reciente, manteniéndose a la derecha en los planteamientos económicos (menos impuestos, más desregulación y privatizaciones, etc) sin renunciar a su vez al fortalecimiento del estado del bienestar (especialmente en lo que se refiere a la tercera edad). Todo ello con un hábil liderazgo y un modelo organizacional que combina la tradicional fiesta de masas con la presencia permanente en los medios.

En un país conectado a la red en un 96% de su población, el Partido del Progreso infrautilizó el poder de las redes en los primeros tiempos. Estaba más interesado en comunicar sus ideas y campañas que en debatirlas hasta que descubrió su respaldo en Facebook, dejando de lado Twitter, red que asociaba a la élite urbana.

Según las encuestas, el votante típico del FrP es masculino, trabaja en el sector privado, tiene un nivel educativo inferior y es probable que esté desempleado. Muchos de estos votantes no se identifican a sí mismos como clase obrera, desconfían de la clase política que pervierte el sistema pero no son antisistema. Los temas que más les preocupan son la inmigración, el orden público, el cuidado de los ancianos y la reducción de impuestos.

Pacto antinmigración

Lo preocupante es que la sociedad noruega respalda las políticas conservadoras de la legislatura anterior y que los mensajes antinmigración han ido permeando en otros partidos como el Partido de Centro, y las políticas antiasilo y el lenguaje del populismo siguen incorporándose en el panorama político, como lo ha hecho en Holanda. El “Pacto de estado por la inmigración” presentado en el parlamento en noviembre de 2015 con el fin de endurecer los requisitos de inmigración y asilo (endurecimiento de las condiciones para acceder al reagrupamiento familiar, que los menores no acompañados solo obtuvieran estatus de refugiado hasta su mayoría de edad, tras lo cual su estatus será reconsiderado, etc.) recibió el apoyo de todos los partidos salvo el Partido Socialista de la Izquierda y el Partido Verde, incluso los Laboristas lo respaldaron a pesar de manifestar duras críticas.

Este pacto de Estado para la inmigración fue fuertemente contestado por las oenegés, el mundo académico e incluso por agencias estatales como la Dirección de Inmigración, que lo denunció como una violación de los compromisos internacionales de Noruega (y en particular de la Convención sobre Refugiados de 1951).

Aunque el Partido Laborista, los Cristiano Demócratas y los Liberales lo criticaron, acabaron por permitir su tramitación parlamentaria, que aunque fue enmendada o rechazada en los puntos más duros, finalmente fue aprobada por el Storting en junio de 2016 (PDF) y entró en vigor en julio de 2017.