Países Bajos, medalla de plata a la ultraderecha

El primer ministro holandés, Mark Rutte. Foto / Erik Smit CC0

Los Países Bajos son una monarquía parlamentaria con larga tradición democrática, y un profundo espíritu comercial y pactista que se refleja en sus instituciones políticas (sus gobiernos suelen ser el resultado de coaliciones multipartidistas). Es una economía tradicionalmente abierta y potente que, con tan solo 17 millones de habitantes, ocupa un papel destacado e influyente en el marco institucional internacional. Tiene un alto nivel de vida ocupando la quinta posición del Índice de Desarrollo Humano (IDH) y se encuentra entre los países con menos corrupción del mundo. Durante mucho tiempo, ha sido un modelo de sociedad multicultural armoniosa. En 2015, el 12% de sus 17 millones de habitantes eran inmigrantes según datos de Naciones Unidas. Los principales países de procedencia eran en 2015: Turquía (10,60%), Surinam (9,92%) y Marruecos (9,15%).

Los Países Bajos han sido históricamente tierra de acogida (desde los judíos expulsados por los Reyes Católicos que huyeron de España y Portugal, a los hugonotes expulsados de Francia tras las guerras de religión durante los siglos XVII y XVIII, etc). Ya en el siglo XX, en los años 40 y 50 llegaron indoeuropeos provenientes de la independizada Indonesia (antigua colonia holandesa), en los 60 y 70 migrantes del sur de Europa (Italia, Portugal y España) y de Turquía y Marruecos por la demanda de mano de obra, y que en parte se quedaron; en los 70 y 80 recibieron a migrantes de la recién independizada Surinam y de las Antillas holandesas. En los 90, se produjo una creciente llegada de solicitantes de asilo (principalmente iraquíes, iraníes, tailandeses, birmanos y chilenos). Ya en el siglo XXI el flujo de migrantes ha continuado con la incorporación a la UE de Polonia, Rumanía y Bulgaria, y los Estados no miembros de la UE Moldavia, Ucrania y la ex Yugoslavia. En la reciente crisis de refugiados, Holanda ha recibido tan solo en 2016, a 20.700 demandantes de asilo, de los cuales tan solo han sido rechazados el 28.2%, habiendo obtenido el estatuto de refugiados 9.470 (la mayoría sirios, seguidos de lejos por afganos y eritreos) y protección subsidiaria, 10.705. En 2014 la proporción de su población era la siguiente: holandeses, 78,6%; nacionales de la UE, 5,8%; turcos, 2,4%; indonesios, 2,2%; marroquíes, 2,2%; surinameses, 2,1%; originarios de la isla de Saba y Sint Eustatian, 0,8% y otros, 5,9%

Los Países Bajos adoptaron oficialmente en los años 80 el multiculturalismo (que mantiene o apoya la coexistencia de distintos grupos culturales dentro de una sociedad sin necesidad de integrarse como es el caso del Reino Unido) como política nacional que después fueron adaptadas a políticas más de tipo asimilacionista e integracionista en los 90. Holanda podría definirse hoy como una sociedad más tolerante que multicultural, después de la política de asimilación del Gobierno de Jan-Peter Balkenende, que instituyó una línea dura de asimilación con penas de multas, deportación y controles más estrictos sobre la inmigración y el asilo. El multiculturalismo fue sustituido por el manifiesto de 2006 en el que se defendía que “la cultura, las normas y los valores holandeses deben ser dominantes”.

En neerlandés se llegó a utilizar un término específico, “allochtoon” (alóctono en castellano; en biología, sinónimo de especie invasora), para distinguir a los inmigrantes y su descendencia, o en su versión oficial para aquellos holandeses con al menos un padre o madre nacido fuera del país, es decir no étnicamente holandés puro. Este término claramente discriminatorio no fue prohibido en el lenguaje burocrático estatal hasta 2016.

Tras los asesinatos de Pim Fortuyn (2002) y Theo van Gogh (2004), en el escenario post 11-S, el debate político sobre el multiculturalismo en los Países Bajos alcanzó una nueva dimensión contra el Islam como una amenaza concreta a la identidad holandesa. El debate sobre “Eurabia” y las teorías conspirativas sobre la islamización de Europa y de los Países Bajos, fueron personalizadas en Geert Wilders y su partido de la Libertad.

PANORAMA POLÍTICO Y SOCIAL

El 15 de marzo de 2017 hubo elecciones en Holanda. Después del referéndum del brexit y de la elección de Donald Trump en Estados Unidos, los Países Bajos afrontaron unas elecciones fundamentales para el futuro del país y de la Unión Europea. La formación de extrema derecha, Partido de la Libertad (PVV), de Geert Wilders, contaba con ser el partido más votado y lograr formar Gobierno.

La Cámara de los Representantes (Tweede Kamer), compuesta por 150 escaños elegidos según la proporción de votos en una circunscripción nacional, fue renovada según reparto proporcional de votos (Ley D´Hont).

Con un censo electoral de 12.980.788 habitantes inscritos, y un participación del 81,9% (superior en más de 7 puntos a las anteriores), 13 partidos obtuvieron escaño en la segunda cámara. Los resultados fueron los siguientes:

  • VVD (conservadores del Primer Ministro Marc Rutte): 33 escaños (41 en 2012).
  • PVV (Wilders): 20 escaños (15 en 2012).
  • CDA (demócrata-cristianos): 19 escaños (13 en 2012).
  • D66 (centristas y europeístas): 19 escaños ( 12 en 2010).
  • Groenliks (Izquierda Verde): 14 escaños (4 en 2012).
  • SP (antiguos comunistas): 14 escaños (15 en 2012).
  • Partij van de Arbeid (Partido de los trabajadores, laboristas): 9 escaños (38 en 2012). Los grandes perdedores, descienden de ser socios de Gobierno a ocupar la séptima posición. Los votantes les castigaron duramente por haber aplicado duras medidas de austeridad desde el Ministerio de Finanzas, que controlaban gracias al anterior pacto de Gobierno con los liberales del VVD.
  • ChristenUnie (socialcristianos conservadores): 5 escaños (5 en 2012).
  • Partij voor de Dieren (Partido animalista): 5 escaños (2 en 2012).
  • 50PLUS (Partido de los pensionistas): 4 escaños ( 2 en 2012).
  • Staatkundig Gereformeerde Partij (partido calvinista): 3 escaños (3 en 2012).
  • DENK (partido turco progresista): 1 escaño (3 en 2012).
  • Forum voor Democratie (conservadores anti europeístas): 2 escaños (creado en 2016, no participó en las elecciones de 2012).

De los resultados pueden extraerse algunas consecuencias:
El populismo ha salido claramente reforzado, no solo por el ascenso del partido de Wilders, que quedó en segunda posición, sino por la asimilación de mensajes populistas por otros partidos, especialmente el del Primer Ministro Rutte. Este último, aprovechando la crisis abierta con Erdogan durante la campaña electoral, obtuvo muchos votos por su defensa de los valores holandeses.
El mapa parlamentario holandés se ha hecho más conservador.

Hundimiento del partido laborista (Partido de los trabajadores) que pasa a la séptima posición pagando su coalición de Gobierno como ‘verdugo’ de los recortes durante la crisis.
Sorpresa de la izquierda verde que se convierte en el partido de izquierdas de mayor crecimiento con su joven y carismático líder, Jesse Klaver.

EL PARTIDO DE LA LIBERTAD (PVV) y GEERT WILDERS

El Partido de la Libertad es un partido con rasgos propios, pero que a pesar de ello se puede considerar como de extrema derecha. El partido tiene un elemento importante característico de la ultraderecha, como es el hecho de buscar un enemigo de la nación holandesa. Ese enemigo, no es otro que los inmigrantes y en especial los musulmanes y aún más los procedentes de Marruecos, así lo ha declarado su líder, Geert Wilders. El Partido de la Libertad basa su política en el euroescepticismo, el rechazo a la UE y la recuperación de la identidad holandesa. Wilders ha declarado que hay que “desislamizar Holanda” y que hay que recuperar los valores de la nación holandesa, así como “recuperar Holanda para los holandeses”.

Además, comparte ideario con otros partidos de la extrema derecha europea. Sus propuestas estrella son las siguientes:

  • Frenar la inmigración, controlarla e impedir que Holanda reciba más inmigrantes.
  • Prohibir el Corán, las creencias islámicas, las mezquitas y el velo en todo el país. En sus ataques al Islam, lo compara con ideologías totalitarias como el fascismo o el nacionalsocialismo, incidiendo también en su componente homófobo y machista.
  • Abandonar el euro y romper con la Unión Europea. Han propuesto un referéndum similar al brexit (el denominado netxit).
  • Recuperar los valores holandeses y la identidad holandesa. Algo que consideran que se ha perdido debido al multiculturalismo que rechaza la ultraderecha holandesa.

Wilders ha conseguido basar su política en el odio a la inmigración y en medidas que, en teoría, favorecerían a la clase obrera, como reducir la edad de jubilación, aumentar los salarios o mejorar las ayudas sociales. Unas clases obrera y media que se sienten desprotegidas por el Estado actual (sobre todo con la ola de recortes en servicios sociales del conservador Rutte) y ante la cual, Wilders, maquiavélicamente, ha conseguido enfrentar a los inmigrantes a los que culpa de todos los males del país ( paro, criminalidad, abuso de aparar ayudas sociales, etc…). Esto hace que quien más desamparado esté (las clases trabajadoras, jubilados y parados) vean en el programa de Wilders la solución a sus problemas una vez los inmigrantes desaparezcan y dejen de abusar del sistema. Otro tema conflictivo fue la edad de jubilación que Wilders abogaba adelantar a los 65 años, en contra del gobierno de Rutte que garantizó que la mantendría en 68 años si su partido (PVV) ganaba de nuevo las elecciones, ya que, si bajara, los holandeses tendrían que pagar más impuestos.

Con un programa electoral de apenas un folio, escrito en lenguaje simple, Wilders propone 11 puntos, sin desarrollar, a los que adjudica unas cantidades sin justificar y capacidades taumatúrgicas:

1. Desislamizar los Países Bajos (cero demandantes de asilo, y ningún inmigrante más originario de países islámicos, cerrar fronteras, quitar los permisos de residencia ya otorgados, cerrar los centros de acogida de refugiados, detección preventiva de musulmanes radicales, cerrar mezquitas y escuelas islámicas además de prohibir el Corán).
2. Los Países Bajos, de nuevo independientes. Abandonar la UE.
3. Democracia directa: un referéndum vinculante que devuelva el poder a los ciudadanos.
4. Eliminar completamente las deducciones por asistencia sanitaria.
5. Bajar los impuestos a la vivienda.
6. Edad de jubilación a los 65 e indexación de las pensiones suplementarias.
7. No más ayudas públicas a la ayuda al desarrollo, a los aerogeneradores eólicos, artes, innovación, radiodifusión, etc.
8. Reducir los recortes en ayuda a la vivienda y a las personas mayores.
9. Mucho más dinero para defensa y policía.
10. Bajar los impuestos a la renta.
11. Reducir a la mitad los impuestos a los vehículos.

Es raro ver cómo los inmigrantes pueden apoyar a Wilders pero, al igual que grupos latinos apoyaron a Trump, sectores de inmigrantes que viven en Holanda le apoyan, especialmente los de origen surinamés.

La difusión de las ideas de Wilders se han realizado en gran parte a través de Twitter, algo que recuerda mucho a Trump, ya que ambos opinan sobre actualidad en los 140 caracteres que permite la red social, reflejo de la simplicidad de su programa.

Un argumento muy interesante para entender su popularidad es que ha conseguido apoyos de ateos y no religiosos (mayoría en los Países Bajos) al lograr identificar al Islam como una amenaza a la libertad religiosa o a la laicidad del país, y compararlo directamente con el fascismo; una estrategia muy hábil para desmarcarse de las acusaciones de ultraderechismo o fascismo. Es un discurso que simplifica y mete en el mismo saco el islamismo y la ultraderecha, pero que ha atraído a personas de izquierdas y ateas, que han dado su voto a Geert Wilders. Lo mismo podemos decir de su defensa de los derechos de la comunidad LGTBI y de la igualdad de género, utilizada también en sus proclamas islamófobas y que le han supuesto el apoyo de parte de estas comunidades a su candidatura.

Una de las polémicas más destacadas de Wilders en redes sociales sucedió cuando, tras el atentado de Berlín en un mercado navideño durante 2016, publicó en Twitter una foto de Merkel culpabilizándola de dicho acto terrorista y de la “islamización de Europa”.

También se le ha visto apoyando a su ídolo, Trump, cuando el mandatario estadounidense proclamó la lista de países cuyos ciudadanos tienen prohibido entrar en Estados Unidos. Wilders animó a Trump a incluir a Arabia Saudí en esa lista: “Bien hecho, Trump. Ésta es la única manera de mantenerse a salvo y libre. Yo haría lo mismo. Espero que pronto añadas a más países islámicos como Arabia Saudí a la lista de prohibiciones. Conviene recordar que la extrema derecha norteamericana (la denominada alt-right) financia al PVV sobre todo a través del Freedom Center, que pagó la defensa legal de Wilders en los dos procesos que enfrentó: por incitación al odio y discriminación en 2011, y por incitación a la discriminación y los insultos al colectivo marroquí en 2016.
El propio Wilders se considera el “Trump de Holanda” (no solo por sus rasgos físicos, carácter y discurso), al basar su programa político en los mismos ejes: la crítica a las élites, la esperanza de cambio, el enemigo inmigrante y la recuperación de la identidad nacional.

Pero a la vista de los resultados electorales, el efecto Trump no parece haber ayudado a Wilders sino más bien lo contrario. Apenas dos meses después de la inauguración del mandato del estadounidense, y con la resaca de sus agresivas medidas contra el statu quo comercial en su senda autárquica (como el abandono del acuerdo comercial Asia-Pacífico o TPP), Trump ha podido dañar a Wilders al asustar a muchos de sus votantes más conservadores, quienes han visto en el brexit y en el rumbo de Trump un peligro para la prosperidad de Holanda y su sitio en la arena internacional. Las clases medias holandesas que podrían haber votado a Wilders rechazan la posible deriva antisistema de los nuevos populismos, aunque converjan en otros puntos.
Un estudio del Financial Times sobre el perfil del votante del PVV reflejó que cuanto más educada es la población, menor es el nivel de apoyo a Wilders. Sus argumentos antiglobalización y antinmigración son más permeables en personas no cualificadas y en las zonas rurales con más tasas de inmigrantes. Para la gente más educada, la movilidad social y la globalización son entendidas más como oportunidades que como amenazas, y no cala el discurso del miedo y la simpleza de sus postulados. Otro dato interesante es que los mayores de 65 años han sido el grupo de edad que menos se ha inclinado a votar a Wilders, al contrario que en el caso del Frente Nacional en Francia, por lo que el votante del PVV es relativamente joven.

Pero a pesar de no haber cubierto las expectativas de ser la fuerza más votada en marzo de 2017, lo cierto es que el PVV se ha afianzado en el Parlamento holandés como segunda fuerza más votada (aunque dentro de un sistema multipartidista, y muy fragmentado ideológicamente). Eso no le permite seguramente formar gobierno pero sí ser una fuerza decisiva y obstructora en el Parlamento. El ejemplo más claro lo encontramos cuando en 2010 apoyó a la coalición de democristianos y liberales para después retirarles su apoyo en 2012, provocando una crisis política que dio lugar a nuevas elecciones, en las que Wilders retrocedió nueve escaños.

PARTIDOS POLÍTICOS Y SU POSICIÓN RESPECTO A LA INMIGRACIÓN

VVD: Partido Popular por la Libertad y la Democracia (en neerlandés: Volkspartij voor Vrijheid en Democratie, VVD)

Primera fuerza en el Parlamento con 33 escaños (ocho menos que en 2012). Es un partido liberal fundado en 1948. Ha sido miembro de coaliciones gubernamentales de distinto signo desde 1994, pero desde 2010 lidera el Gobierno con distintos socios.

La VVD optó en campaña por endurecer su postura sobre el asilo y la inmigración, proponiendo en su programa endurecer los criterios para admitir a los nuevos inmigrantes, que ahora tendrán que probar su conocimiento del neerlandés y tener un trabajo (pagado o voluntario) para pasar la prueba de integración. También propuso duplicar el periodo de residencia de los inmigrantes para obtener pasaporte holandés (de los cinco años actuales a 10) alegando que la nacionalidad holandesa es un “premio” de la sociedad, no un derecho en sí mismo, por lo que hay que ganársela y luchar por ella.

El propio líder, Rutte, declaró en campaña electoral que “si a alguien no le gusta los valores de Holanda, que se vaya del país”, criticando a los inmigrantes que “abusan de nuestra libertad para estropear las cosas… molestando a los gays, acosando a las mujeres con minifaldas o simplemente acusando a los holandeses de racistas”. El incidente diplomático con Turquía días antes de las elecciones hizo ganar muchos votos a Rutte en detrimento de Wilders al gestionar la crisis de una manera hábil y firme; Erdogan hizo el resto al llamar fascista a Holanda y encender el orgullo nacional.

En un ejemplo más extremo, la diputada Ybeltje Berckmoes afirmó que Europa occidental se está convirtiendo en Eurabia, considerando el Islam una religión violenta, y proponiendo sellar las fronteras en Oriente Medio. Para ella las diferencias religiosas y culturales de los Países Bajos con el Islam son demasiado grandes como para convivir lo que hace crecer la frustración de los inmigrantes jóvenes.

CDA: Llamada Demócrata Cristiana (neerlandés: Christen-Democratisch Appèl, CDA)

Obtuvo 19 escaños en las elecciones de marzo (6 más que en 2012). Partido de centroderecha, perteneciente a la democracia cristiana. Es el partido más grande de los Países Bajos en cuanto a número de militantes, pero es la tercera fuerza parlamentaria y suele ser socio de Gobierno de los liberales de Rutte.

En el tema migratorio no se han visto contagiados por el populismo, e ideológicamente están más centrados que los liberales de la VVD, propugnando una política proeuropeísta, más justicia social e igualdad de oportunidades y una política migratoria más abierta. Sin embargo, están a favor de condicionar el derecho a permanecer en el país a una integración basada en la participación en clases del idioma neerlandés y a medidas para combatir la discriminación.

D66: Democracia 66

Partido progresista, socioliberal, federalista europeo y democrático radical. Obtuvo 19 escaños en marzo (7 más que en 2012). Fundado en 1966, se basa en principios de democracia directa. Las decisiones importantes se toman por referéndum.

El D66, como los laboristas, prefiere poner la presión en la dimensión policial de la protección de fronteras europeas, argumentando que los migrantes económicos impiden auxiliar a los verdaderos refugiados. Su propuesta es ofrecer lecciones de holandés a los solicitantes de asilo desde el día de su llegada y reducir las barreras para que encuentren empleo.

Groenliks (Izquierda Verde)

Obtuvieron 14 escaños (10 más que en 2012). Su programa se basa en el ecologismo, la tolerancia y la justicia social. Se fundó en 1990 por la fusión de varios partidos de izquierda. Su líder en el parlamento, Jesse Klaver, de tan solo 39 años, ha sido la sorpresa electoral de las últimas elecciones al dar los mejores resultados de sus historia a los verdes, y representar a la Holanda multicultural. Si Wilders era el Trump holandés, en el caso de Klaver las comparaciones se dirigen a Justin Trudeau.

Proponen mayor protección para los niños que buscan asilo y para los perseguidos por su identidad sexual, mejorar la enseñanza de idiomas y dar a los solicitantes de asilo clases de holandés desde su llegada. Asimismo abogan por combatir las causas de la guerra y la pobreza con las misiones de mantenimiento de la paz y la ayuda al desarrollo. En este caso no ha habido contaminación alguna del discurso antinmigración.

SP: Partido Socialista (neerlandés: Socialistische Partij)

Obtuvo en las recientes elecciones 14 escaños (15 en 2012). El SP fue fundado en 1971 como partido maoísta y hoy se define socialista y socialdemócrata. Siempre ha estado en la oposición.
Proponen un procedimiento de asilo más rápido y claro, distribuir de manera equitativa a los refugiados entre los países de la Unión Europea y abordar las causas mundiales del asilo, como la guerra, la desigualdad económica y la evasión fiscal.

Partij van de Arbeid (Partido de los trabajadores, PVA)

Fueron los grandes perdedores en las elecciones de marzo, perdiendo 19 escaños desde las elecciones de 2012, obteniendo tan solo nueve representantes y siendo relegados desde socios de Gobierno a la séptima posición en el arco parlamentario.

Los laboristas, que no han defendido su ideología, han pactado con los liberales y no han sabido defender a la clase trabajadora. Su líder, Lodewijk Asscher, ha puesto en marcha un “contrato participativo” que tienen que firmar los recién llegados al país y por cuyo incumplimiento podrían sufrir penas de multa.

ChristenUnie (Unión Cristiana, CU)

Con cinco escaños escaños en marzo (también cinco en 2012), la Unión Cristiana, fundada en el año 2000, es un partido político democrático cristiano, con posiciones socialmente conservadoras en temas como el matrimonio entre personas del mismo sexo, el aborto y la eutanasia. Euroescéptico, pero con posturas progresistas sobre cuestiones económicas, de inmigración y medioambiente, podemos decir que no se han contagiado del mensaje antinmigración. Se definen como cristiano sociales. En materia migratoria defienden una política de refugio más abierta sobre todo a los que huyen por persecución religiosa. Se consideran obligados por los acuerdos de la UE para alojar a los solicitantes de asilo y repatriar a los rechazados. Proponen mejorar el alojamiento y facilitar la permanencia de los refugiados en un solo lugar para fomentar la integración, así como organizar las clases de idiomas y permitir el trabajo voluntario o asalariado desde el primer dia.

Partij voor de Dieren (Partido animalista)

Obtuvo cinco escaños (dos en 2012). Fundado en 2002, es el primer partido en conseguir asientos parlamentarios (en 2012) con una agenda centrada principalmente en los derechos de los animales.

Proponen aumentar el presupuesto de ayuda internacional al desarrollo al 1% del PIB, mejorar las condiciones en los campamentos de refugiados en regiones devastadas por la guerra y aumentar la contribución financiera al ACNUR. También apuestan por trabajar dentro de la UE para asegurar que todos los países asuman una parte justa de los solicitantes de asilo. Proponen que todas las solicitudes de asilo en los Países Bajos se tramiten en un plazo de dos años. No se han visto contagiados por el discurso antinmigracion.

50PLUS (Partido de los pensionistas)

Cuatro escaños (dos en 2012). En principio centrados en la defensa de los derechos de las personas mayores, su programa entra en el tema migratorio para pedir extender a 10 años (desde los cinco actuales) el periodo de residencia en Holanda para obtener la nacionalidad, en línea con el VVD de Rutte. Asimismo, proponen exigir a los inmigrantes un certificado de buena conducta municipal como requisito para optar a la ciudadanía.

SGP: Staatkundig Gereformeerde Partij (partido calvinista)

Tres escaños (tres también en 2012). El SGP es el partido político más antiguo de los Países Bajos en su forma actual, y siempre ha estado en la oposición debido a su programa ultra ortodoxo calvinista. Su visión teocrática del mundo abarca desde la oposición al sufragio universal en favor de un sufragio restringido a los jefes de familia masculinos, el apoyo a la pena capital y el desprecio de la mujer como ser inferior al hombre. No permitió miembros femeninos en sus filas hasta 2006. Es contrario a la libertad de religión. Sus votantes pertenecen al llamado cinturón bíblico holandés, formado por pequeñas comunidades rurales y aisladas. Pretenden restringir la migración haciendo más difícil el recurso para los solicitantes de asilo y limitar el derecho de reagrupación familiar.

DENK (partido turco progresista)

Obtuvo un escaño en marzo (tres en 2012). Fundado en 2014 por dos parlamentarios turco-holandeses del partido laborista. Proponen que el término “integración” se sustituya por el término “aceptación”. El movimiento suprime el término “inmigrante”. Señala que las personas de origen no occidental sufren un racismo estructural e institucional y, por lo tanto, quiere que se establezca un denominado “registro del racismo”, en el que se registren manifestaciones racistas. El movimiento propone que las personas inscritas como racistas no puedan ser empleadas en una oenegé. Proponen tanto en la educación primaria como secundaria, el estudio de chino, árabe y turco como temas opcionales. Defiende una mayor formación gubernamental de los imanes, pero se opone a que el Gobierno interfiera con el plan de estudios de las escuelas musulmanas.

Forum voor Democratie

Obtuvo dos escaños (no participó en 2012). Creado en septiembre de 2016, inicialmente era un think tank euroescéptico y partidario de la democracia directa. Liderado por Thierry Baudet, con apoyo de la alt-right estadounidense, es situado en la extrema derecha y en la derecha radical populista. Profundamente euroescéptico y opuesto al multiculturalismo, en este caso no hay contagio sino que el mensaje antinmigracion parte esencial de su programa.

CONCLUSIONES

El 10 de octubre de 2017. más de siete meses después de las elecciones del 15 de marzo de 2017, se acordó finalmente una coalición cuatripartita de gobierno encabezada por el partido VVD del Primer Ministro Ruette y formada por el D66 (centristas), los cristiano demócratas (CD) y la Unión Cristiana (en lugar de la Izquierda Verde que participó en la primera ronda de de negociaciones pero que finalmente fracasó precisamente por el tema de la inmigración).

En cuanto a temas migratorios, el viraje a la derecha de la nueva coalición, supondrá lógicamente una línea más dura que la de la anterior formación, máxime ante los resultados de Wilders (segunda formación en apoyo electoral) y la pérdida de peso de los partidos de centroizquierda e izquierda y la debacle socialdemócrata. Los partidos en el gobierno han declarado que les preocupa “la confianza mutua y la cohesión social” que el movimiento migratorio no regulado puede romper. En cuanto a una respuesta europea , el nuevo gobierno está abierto a nuevos acuerdos comparables a los de la UE y Turquía. La Haya aumentará su objetivo de reasentamiento de 500 a 750 por año. Aboga por una política europea común de asilo, y por la imposición de sanciones a los estados miembros que se niegan a reasentar a los migrantes mediante una reducción de sus subsidios europeos.

En cuanto a Wilders y su partido, el efecto Trump y el brexit no ayudaron a Wilders, en contra de las previsiones. Los holandeses son gente pragmática y grandes comerciantes, por lo que el efecto Trump hizo repensar el voto a la ultraderecha de muchos convencidos. Pero hay otros factores que explican este resultado: su renuncia a participar en los debates televisivos, la hábil respuesta de Rutte ante el desafío de Erdogan de celebrar actos de campaña en territorio holandés a pocos días de las elecciones y la aparición de otro partido de extrema derecha (Foro para la Democracia) con un líder, Thierry Baudet, joven e intelectual además de mediático.

A pesar de no cumplir con sus expectativas, el PVV es el segundo partido del parlamento pero sin posibilidades de formar Gobierno. El cinturón sanitario en torno a este partido sigue vigente, no solo por su extremismo sino por haber demostrado en el pasado no ser un socio fiable.

Los laboristas han pasado con su estrepitosa derrota electoral (de 38 a nueve escaños) a la irrelevancia parlamentaria, al convertirse en un partido minoritario y sin poder decisorio.