República Checa da la espalda a Europa

Recep Tayyip Erdogan (President, Turkey) and Milos Zeman (President, Czech Republic)

La República Checa celebró elecciones legislativas en octubre de 2017, dando como vencedor al partido (ANO) del último ministro de Economía, Andrej Babiš. El 12 de enero de 2018 se celebraron elecciones presidenciales asegurando la repetición de mandato del anterior presidente, Miloš Zeman.

La debilidad institucional checa

La historia contemporánea de la República Checa, como la de casi toda Europa central, ha sido una sucesión de divisiones, anexiones y transformaciones violentas que, salvo raras excepciones, apenas han dejado espacio para la libertad y la democracia. Tras un corto periodo democrático que vio nacer la primera Constitución checoslovaca de 1920 con la independencia tras siglos de dominación austrohúngara, en los años 30 el país se sumió en una profunda agitación política, con una grave crisis económica e industrial y con movimientos secesionistas eslovacos. Hitler aprovechó para anexionarse los Sudetes y posteriormente el resto del país (1938) creando el protectorado de Bohemia y Moravia. En 1945, en Yalta, la suerte de los checos quedó esta vez bajo la órbita soviética bajo cuyo yugo estuvo más de cuarenta años, hasta la caída del Muro y la revolución de terciopelo de 1989. El Foro Cívico, liderado por Václav Havel, consiguió una transición ejemplar sin una sola víctima y dio paso a la consolidación económica y democrática rápida y pacífica de Checoslovaquia. En 1993, la República Checa vivió la separación pacífica de Eslovaquia (a petición de esta), en 1999 ingresó en la OTAN y en 2004 en la Unión Europea.

Las reformas de los últimos 25 años, primero en Checoslovaquia y después de 1993 como República Checa dieron lugar a instituciones y procesos políticos democráticos; la transformación de una economía de planificación estatal en una economía de mercado; el establecimiento del Estado de derecho; y el fortalecimiento de la sociedad civil. El gran reto era construir “una democracia sin demócratas”, ya que la creación del entramado institucional y legislativo podían ser impuestos por ley imitando otros modelos. Pero tanto la mentalidad económica liberal, y sobre todo, la creación de un Estado de derecho y una sociedad civil fuerte, necesitaba una ciudadanía y una cultura democrática que no podía imponerse desde arriba. Ese fue el mayor reto del postcomunismo, que llevó finalmente a una democracia formal basada en la concurrencia de partidos en procesos electorales, en la que la sociedad civil aparecía como antagonista de los partidos y con una nula preocupación por la situación de las minorías. Los partidos fueron creados por elites, sin apenas apoyo popular, lo que dio pábulo a oscuras relaciones entre estos y los poderes económicos y empresariales, una situación que llega hasta la actualidad. Fue precisamente la debilidad institucional de los partidos políticos, en manos de intereses económicos, lo que fomentó además el surgimiento de movimientos populistas, que en las últimas elecciones vieron nacer movimientos de esta naturaleza financiados por oligarcas como el Partido de Asuntos Públicos de Vít Bárta, y el movimiento ANO (Ciudadanos Indignados en Acción) del multimillonario Andrej Babiš.

A todo esto, se añade el contexto de la globalización, la aparición de medios de comunicación vinculados al poder y la construcción de una sociedad civil mediatizada por las redes y las nuevas tecnologías que se convierten en el canal de transmisión del discurso público y de la acción social, retrocediendo la representatividad de los partidos tradicionales y los sindicatos. En general, todas las nuevas democracias europeas postcomunistas experimentaron una modernización espectacular, con la tutela y apoyo de las organizaciones internacionales (en el caso checo, principalmente la Unión Europea, la OTAN, la OSCE, la OCDE y el Consejo de Europa además de los EEUU) pero subyace un importante déficit de valores y de cultura democrática como una ciudadanía activa, valores de compromiso y tolerancia y el respeto a las minorías, que no han sido realmente interiorizados para dar lugar a una sociedad civil madura.

Otro factor importante de la República Checa es su composición social. En un país de poco más de 10 millones de habitantes, los migrantes representan alrededor del 4% de la población (la mayoría de los cuales proceden de Eslovaquia, Ucrania y Vietnam). Salvo los vietnamitas (cuyo origen se debe a los vínculos e intercambios entre la Unión Soviética y los vietnamitas que huían de la guerra contra EEUU) la mayoría de población inmigrante proviene de países eslavos y por tanto sin apenas distinción racial, cultural y lingüística. La minoría gitana o romaní es un caso aparte. Esta minoría que sufrió en Centroeuropa la exterminación nazi en los campos de concentración (el 90% de los gitanos checos fueron asesinados en los campos de Lety y Auschwitz) y la posterior persecución, “reeducación” y esterilización soviética, sigue hoy en día estigmatizada en Centroeuropa y en la República Checa en particular.

En Chequia, la discriminación contra los romanís y el racismo político ha estado muy presente en el discurso público en las últimas décadas. Antes de la desaparición de Checoslovaquia como Estado unitario, los gitanos formaban el grupo minoritario más numeroso. Hoy viven en la República Checa cerca de 300.000 gitanos, con una tasa de desempleo cercana al 70%, considerados “borrachos y ladrones” por una buena parte de la población checa, negándoseles el acceso al empleo, a una vivienda digna y en definitiva a la integración social. Han sufrido discriminación, abandono e incluso ataques violentos por parte de movimientos neonazis. El momento más vergonzoso fue la construcción de un muro en Ùsti nad Labemu en 1998, para separar a los gitanos del resto de la población, que posteriormente tuvo que ser derribado ante la presión internacional. Tan solo en 2016 se decidió restaurar la memoria de la exterminación nazi contra los gitanos en el antiguo campo de concentración de Lety, donde hasta la fecha funcionaba una granja de cerdos.

Según el eurobarómetro sobre discriminación de 2015, se percibe un fuerte rechazo hacia la población gitana y la musulmana, siendo los checos los que más rechazan a los gitanos en el ámbito laboral, donde solo un 29% se sentiría cómodo o indiferente ante una persona de esta etnia. Desde 2015, sin embargo, son las tendencias islamófobas las que van relegando el discurso antigitano. El movimiento islamófobo de base popular tuvo sus raíces intelectuales en el profesor de entomología Martin Konvička, luego reconocidas y adoptadas por el propio presidente Miloš Zeman y luego incorporadas a la corriente política principal.

Además, la respuesta de la República Checa a la crisis de los refugiados hay que encuadrarla en el marco de la región del Grupo de Visegrado al que pertenece desde su fundación en 1991 junto a Eslovaquia, Hungría y Polonia. Este grupo, que aúna una identidad y actitud común basada en el rechazo, la falta de cooperación y un discurso antinmigratorio y antirrefugiados, en la República Checa se refleja en el discurso del Gobierno, en el aumento del populismo y en el creciente sentimiento antinmigración de la sociedad, siguiendo la estela de la Hungría de Orbán. Según Marie Heřmanová y Robert Basch, de la Open Society Foundations en Praga, la migración en el discurso político checo se puede enmarcar en dos ejes:

  • La migración vista como una amenaza y tratada en los medios y en el discurso político como un tema de seguridad, obviando todos los aspectos positivos que traen las migraciones.
  • Poniendo el foco en la incompatibilidad cultural y la integración problemática de los musulmanes en la sociedad checa.

Desde el inicio del verano de 2015 y de la ola migratoria que llegó a Europa a través de la ruta balcánica, esto se convirtió, en la República Checa, en el tema político más sensible, a pesar de la presencia testimonial de inmigración no europea en este país (exceptuando la ya mencionada minoría vietnamita). En septiembre de 2015, Chequia y sus vecinos (Hungría, Rumanía y Eslovaquia) votaron contra del sistema de cuotas propuesto por la UE para reubicar solicitantes de asilo llegados masivamente a Italia y Grecia.

El panorama político

El 20 y 21 de octubre de 2017 la República Checa celebró elecciones envuelta en una turbia situación política. En el mes de mayo, el primer ministro checo, Bohuslav Sobotka, anunciaba la disolución de su gobierno de coalición, y su dimisión. El origen de la crisis de Gobierno estuvo en las acusaciones por evasión fiscal contra el viceprimer ministro y ministro de Finanzas, Andrej Babiš, también magnate de telecomunicaciones del país. El Gobierno de la República Checa estaba entonces formado por una coalición tripartita entre el Partido Ciudadanos Disgustados en Acción (ANO, en sus siglas en checo), los socialdemócratas (CSSD) y los democristianos (KDU-CSL).

Los resultados han dado como ganador, como preveían las encuestas, a la coalición ANO de Andrej Babiš, pero con mayor margen que el previsto. Y, lo que es más preocupante, dos partidos euroescépticos, los demócratas cívicos del ODS y el SPD del partido antinmigrante de Tomio Okamura han obtenido una inesperada presencia parlamentaria (25 y 22 escaños, respectivamente), lo que aleja de la órbita de Bruselas al ejecutivo y legislativo checo en una deriva similar a la de polacos y húngaros. Los grandes perdedores fueron los socialdemócratas (que encabezaban la coalición de Gobierno saliente, que terminaron en sexta posición) y el TOP 09, único partido europeísta, que apenas superó el 5% requerido para estar representado en la Cámara de Diputados. Según los analistas, ANO podría optar por una reorganización de la administración saliente, pero ahora como líderes, con el apoyo de socialdemócratas y democratacristianos como socios minoritarios.

Al contrario que en Polonia y Hungría, donde el populismo tiene base conservadora y cultural, en la República Checa se habla del “populismo economicista” o empresarial, en el que se enaltecen los valores de la empresa privada frente a la corrupción de las élites políticas y burocráticas, de esta manera los políticos y empresarios se proponen como salvadores ante la vieja política. El origen estaría en el hartazgo del electorado tras dos gobiernos salpicados de casos graves de corrupción, impunes en un contexto de crisis económica, que supuso la caída de la confianza en los partidos tradicionales en las elecciones de 2013 y el surgimiento del actual panorama.

Los partidos con representación en el recientemente elegido Parlamento checo (200 escaños) son los siguientes, de mayor a menor representación:

ANO (Acción de los Ciudadanos Insatisfechos)

Ganador indiscutible de las elecciones de octubre de 2017, con el 29,64% de los votos y 78 escaños (31 más que en las anteriores elecciones).

Creado y liderado en 2011 por el magnate checo Andrej Babiš (apodado Babisconi), segunda mayor fortuna checa y actual ministro de Economía. Propietario de un gran grupo agroalimentario y de varios medios de comunicación, encaja en los parámetros de centro-derecha, de hecho, está hermanado con Ciudadanos en la Alianza de los Liberales Europeos. Su lema es, como el de Trump, que él no pertenece a la élite política, que ha venido a trabajar y que hay que administrar el Estado como una empresa.

A pesar de haber provocado la caída del Gobierno por sus conflictos de intereses y su ministerio público, además de acusaciones de fraude fiscal, es el político más valorado y su partido le sacaba ya 10 puntos al siguiente en las encuestas de intención de voto que tras las elecciones, se materializó en una diferencia de más de 18 puntos respecto a los demócratas cívicos. Su propaganda se basó en bajar los impuestos y acabar con la corrupción, con una campaña mediática y en redes financiada por él mismo con el apoyo de artistas, deportistas y celebridades para ampliar su popularidad. El partido ANO es Andrej Babiš, creado a su imagen y semejanza y a su servicio. Se lo puede permitir y además controla grandes medios de comunicación checos.

ODS (Partido Democrático Cívico)

Con 25 escaños en las últimas elecciones (9 más que en 2013) el ODS es un partido político de centro derecha/derecha, fundado en 1991 por Václav Klaus y actualmente presidido por Petr Fiala. Forma parte de la Unión Internacional Demócrata y está afiliado en el Parlamento Europeo al Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (GCRE).

Su ideología es liberal-conservadora, apoya el liberalismo económico, y es euroescéptica, al estilo de los tories británicos, en su programa están presentes: bajada de impuestos, lucha contra el endeudamiento público, apoyo a las familias tradicionales, reducción de la burocracia, mejores condiciones para los negocios, un estado seguro con un fuerte vínculo transatlántico. El ODS se opone al multiculturalismo y cree que los inmigrantes de diferentes culturas deberían ser aceptados solo si respetan la cultura checa y aprenden el idioma y la historia. Son islamófobos, con tendencia a equiparar el Islam con su versión más radical.

Partido Pirata

Fue la gran sorpresa de las últimas elecciones, al convertirse en el tercer partido parlamentario (22 escaños y el 10,79% de apoyo electoral). Fundado en 2009, su programa se centra en la transparencia política y la rendición de cuentas, la anticorrupción, el gobierno electrónico, las pequeñas empresas, la prevención de la evasión fiscal, los elementos de democracia directa como la participación pública en la toma de decisiones, el desarrollo local, las libertades civiles y propuestas de políticas y reformas para impuestos, educación, ciencia, salud, medio ambiente, cultura, industria y comercio, agricultura, sistema de justicia y relaciones exteriores.

SPD (Libertad y Democracia Directa – Tomio Okamura)

SPD (en checo: Svoboda a přímá demokracie – Tomio Okamura) es un partido político de ultraderecha, euroescéptico, antinmigración, islamófobo y pro democracia directa fundado en 2015 por el magnate checo-japonés Tomio Okamura, diputado en la anterior legislatura con el partido USVIT (Amanecer de Democracia Directa). Aunque su programa es en muchos aspectos similar a ANO, Okamura dirige su discurso público contra la inmigración, los gitanos, los desempleados, los pobres o las personas socialmente excluidas a los que culpa de sus desgracias. Okamura, tras los atentados de París en 2015, llegó a exhortar en Internet a los ciudadanos a pasear cerdos en las cercanías de las mezquitas y llevar allí a los indigentes para amargar la vida a los musulmanes. Además llamó a los ciudadanos a boicotear a los comerciantes musulmanes de kebab y de telefonía móvil, cuya venta sirve en su opinión para la financiación al Islam radical. Se oponen, por supuesto, a cualquier aceptación de cuotas o solidaridad con las personas en busca de asilo. Han obtenido 22 escaños en las recientes elecciones, con un apoyo electoral del 10,64%. Durante la campaña propuso expulsar a los musulmanes del país y celebrar un referéndum de salida de la Unión Europea: “queremos detener cualquier islamización de la República Checa. Presionamos por la tolerancia cero a la migración”.

KSCM (Partido Comunista de Bohemia y Moravia)

En 2013, KSCM fue el tercer partido más votado en las elecciones parlamentarias con un 15% de los votos, ganando 33 escaños. En las recientes elecciones, ha sido uno de los grandes perdedores, obteniendo un 7,8% de apoyo electoral y 15 escaños (18 menos que en las elecciones de 2013). A nivel europeo, forma parte del partido Izquierda Unitaria Europea – Izquierda Verde Nórdica.

CSSD (Partido Socialdemócrata checo)

El partido de los socialdemócratas checos, ha pasado de dirigir la coalición gobernante saliente a colocarse en la sexta posición en el parlamento, perdiendo 35 escaños (de 50 a 15 diputados). Se trata de la formación política más antigua de todo el elenco actual. El partido se ve reflejado en el Laborista británico y los socialdemócratas alemanes. Con este partido en el Gobierno, el país pasó a formar parte de la Unión Europea. Bajo el liderazgo de Lubomír Zaorálek, anterior ministro de Asuntos Exteriores, los socialdemócratas viraron hacia las tesis nacionalistas antieuropeas, en su empeño de arañar votos al ANO, lo que le costó un rechazo electoral sin precedentes que dilapidó el prestigio obtenido en la transición postcomunista checa.

KDU-CSL (Partido Democristiano)

Con 10 diputados (cuatro menos que en la anterior legislatura), los democrata-cristianos representan la ideología tradicionalista y conservadora, con un fuerte respaldo católico. Se ubica a sí mismo en la centroderecha, pero en muchos aspectos está más cerca de la socialdemocracia. En algunas cuestiones sociales, tales como la legalización de la convivencia de homosexuales, mantiene una postura conservadora en armonía con su tradición católica.

TOP 09 (Tradición, responsabilidad y prosperidad)

Ha conservado siete escaños de los 26 de la anterior legislatura. Es un partido de centro derecha, conservador, liberal y proeuropeo fundado en 2009. Tiene cuatro eurodiputados en el Partido Popular Europeo.

STAN (Alcaldes e Independientes)

Alcaldes e Independientes (en checo: Starostové a nezávislí) es un partido político creado en 2014 y centrado en el localismo y la promoción de poderes para los municipios. En la anterior legislatura, dentro de la lista TOP 09, obtuvieron cinco diputados y ahora como partido independiente han obtenido seis escaños y el 5,2% de los votos. Son liberal-conservadores y proeuropeos.

Descarga el informe completo sobre la Antinmigración en Europa – República Checa en PDF.

Al contrario que en países como Francia, Reino Unido y Holanda, donde la postura islamófoba tiene epicentro en la derecha ideológica, en la República Checa, como en Eslovaquia, el discurso islamófobo se extiende por toda la partitura ideológica, pero especialmente en los partidos de izquierda, que ejercen un radicalismo característico de la región.

A su vez, habría que tener en cuenta el contagio recíproco entre los gobiernos de Europa del Este, donde cada ejecutivo se retroalimenta del discurso antinmigratorio de sus vecinos, como si se tratara de una cuestión geopolítica regional basada en una geoestrategia conjunta.

En mayo de 2017, la Comisión Europea planteó un ultimátum para que las autoridades checas comenzasen a cumplir con la acogida de demandantes de asilo. Chequia debería recibir antes de finales de septiembre de 2017 a 2.600 inmigrantes, de los que hasta finales de 2017, sólo habrian sido reasentados 52 y sólo 12 reubicados (mientras que Polonia y Hungría no han recibido a ninguno). El ministro del Interior checo, Milan Chovanec, insiste en anteponer la seguridad del país a las cuotas dentro de la retórica del miedo y de la sospecha hacia el inmigrante.

Pero es que la irresponsabilidad y la impunidad en este discurso del miedo parten sobre todo del mismísimo Jefe del Estado checo. El Presidente de la República Checa, Miloš Zeman (Partido Socialdemócrata, antiguo partido comunista), elegido en 2013, ha dejado en la hemeroteca declaraciones como las que siguen:

  • “Los migrantes impondrán la ley sharia, apedrearán a las mujeres a muerte por adulterio y cortarán las manos de los ladrones”.
  • Zeman describió al Islam como “anti-civilización”. Para él no hay musulmanes moderados, al igual que no había nazis moderados.
  • El Islam es “una cultura de asesinos y odio religioso” (Zeman en una convención del grupo Bloque contra el Islam, partido cuyo líder ha sido denunciado por incitación al odio).
  • Es “prácticamente imposible integrar a la comunidad musulmana en la sociedad europea. La economía de la crisis de refugiados pone de manifiesto nuestra bancarrota moral…”Déjalos tener su cultura en sus países y no llevarla a Europa, de lo contrario terminará como Colonia.
  • Sobre la política migratoria y el efecto de dar entrada a refugiados en el país checo: “estoy convencido de que nos enfrentamos a una invasión organizada, no a una espontánea ola de refugiados”.
  • Zeman no dudó en comparar la llegada de los refugiados a la invasión nazi que sufrió su gente, alegando que sus compatriotas intentaron “luchar y liberar el país”. […] Una mayoría importante de refugiados son jóvenes en buenas condiciones; me pregunto por qué no se levantan en armas para luchar por la libertad de sus países contra el Estado Islámico”.

Además, junto al primer ministro eslovaco, Robert Fico, ambos insisten en relacionar la crisis migratoria con el terrorismo, lo que pone a las pequeñas comunidades musulmanas y a los pocos asilados en una incómoda situación.

Si de los representantes políticos emana este discurso, lógicamente en el electorado están presentes. Según una encuesta de febrero de 2015, el 65% de los checos se oponen a la llegada de inmigrantes y refugiados.

Según el estudio de la Fundación turca SETA (Fundación para la Investigacion Politica, Economica y Social) sobre Islamofobia en Europa (PDF), y en particular en la República Checa, en 2016 se exhibió una intolerancia muy agresiva en manifestaciones xenófobas (como una marcha neonazi contra el vicealcalde de la ciudad de Brno por defender la acogida de refugiados), en el intento de crear partidos islamófobos para las elecciones regionales, y en la proliferación en el establishment político del discurso del odio antimusulmán. La polarización sobre la cuestión de los inmigrantes (casi siempre identificados como musulmanes, aunque no sea así numéricamente), ha hecho que surjan dos bloques en la sociedad:

  • Los que se oponen a la “amenaza extranjera” y llaman a la consolidación nacional.
  • Aquellos que abogan por la compasión y, a menudo como voluntarios, ayudan a los solicitantes de asilo.

La contaminación del espectro político con las ideas antinmigración

El problema del panorama político checo es que el uso del discurso populista y discriminatorio, particularmente islamófobo, es dominante y omnipresente.

Según el citado estudio sobre islamofobia en la República Checa de la Fundación turca SETA, hay que resaltar dos tendencias que se produjeron a lo largo de 2016, por un lado el intento de formar una coalición antinmigración antes de las elecciones regionales, y por otro la creciente penetración en la agenda política de esos mensajes y grupos islamófobos. La contaminación es tal, que a veces es imposible saber si ciertas declaraciones provienen de lo que se considera la franja xenófoba o si son ideas propias de los políticos y gobernantes tradicionales. Por ejemplo, el primer ministro electo y anterior viceprimer ministro, Andrej Babiš, a pesar de ser de origen inmigrante, dijo que la República Checa no debe admitir a ningún inmigrante, que deben quedarse en Turquía u otros países vecinos para que puedan regresar a Siria, y que el ejemplo de los países occidentales demostró que no pueden integrarse. Y es que en la República Checa, a pesar de tener una población musulmana exigua y decreciente, el componente xenófobo es claramente de corte islamófobo, ya que la población inmigrante mayoritaria es ucraniana, pero el foco se pone en el Islam como enemigo de la nación checa.

Empezando por el Presidente de la República y pasando por los miembros del Gobierno, la retórica del miedo y el rechazo al otro está siempre presente. Además de ser un discurso dominante, existe un partido de ultraderecha, con 14 diputados electos (USVIT) que incluye en su programa mensajes racistas y xenófobos explícitos. El impacto mediático de la llamada “crisis de los refugiados” ha sido sobredimensionado (en 2015, tan solo 71 de los 1.525 solicitantes de protección internacional recibieron asilo) y utilizado como arma electoral acudiendo a la retórica del miedo y haciendo explícitas alianzas entre Islam-terrorismo-delincuencia, como una amenaza a la seguridad y la identidad nacional. Es un discurso falso ya que la población checa es bastante homogénea, mayoritariamente eslava (solo el 4% son gitanos o vietnamitas) y tan solo 3.500 son de religión musulmana siendo la mayoría del país agnóstica.

Descarga el informe completo sobre la Antinmigración en Europa – República Checa en PDF.

La incitación al odio contra gitanos y musulmanes tiene espacio en los medios de comunicación (al menos de manera indirecta a través de blogs y espacios asociados ) y en las redes, calando en la sociedad junto a la desconfianza hacia el sistema político como fuente de corrupción y abusos, uniéndose los dos discursos para nutrir al populismo e incendiar el debate.

  • El Bloque contra el Islam es uno de esos movimientos abiertamente islamófobos, que han contado en ocasiones con el apoyo de políticos e incluso del presidente Zeman en sus convocatorias y llegó a trabajar con el Partido de ultraderecha USVIT (Amanecer). El Bloque se disolvió recientemente y fue rebautizado como su líder: Iniciativa Martin Konvicka.
  • El SPD (Libertad y Democracia Directa – Tomio Okamura) que ha obtenido 22 diputados con el apoyo de la 10,62% del electorado es un partido político ultraderechista, antinmigración, islamófobo, antigitano y antipobres. Anteriormente, bajo las siglas del USVIT (Amanecer de la Democracia Directa), sufrió una escisión que en lugar de llevarle a la irrelevancia parlamentaria ha supuesto su irrupción como cuarta fuerza en esta legislatura.
  • El Partido de los Trabajadores Sociales y Partido Obrero lleva años luchando contra los inmigrantes. Su tendencia es nacionalista: “nuestra preciosa tierra checa está siendo inundada por una destructiva ola de inmigrantes que está destruyendo todo lo bueno que tenemos aquí. No estamos dispuestos a tolerar esta inmundicia”, alegaba su líder, Tomáš Vandas, en una de las manifestaciones. No tiene representación parlamentaria.

Babiš es un pragmático y no un ideólogo, lo que le acerca más a la Eslovaquia de Robert Fico que a la Hungría de Orbán o a la Polonia de Lech Kaczyński. Su política exterior, por tanto, es impredecible y dependerá de la coyuntura de cada momento, ya que no es prioritaria en su programa. Tan solo su postura restrictiva hacia la inmigración es decisiva: apoyó el envío de buques de la OTAN a operaciones contra el tráfico de migrantes en el Egeo en 2016, y podría apoyar la idea francesa de establecer centros de protección de migrantes en los países del norte de África. Es partidario de que Chequia no entre en la zona euro, en consonancia con la mayoría de la población, pero queda la interrogante de su orientación geopolítica respecto a Rusia o hacia las relaciones euroatlánticas. Los socios que elija para formar Gobierno influirán en uno u otro sentido, así como quien saldrá elegido en las elecciones a la presidencia de la República en enero de 2018. Si elige a la ultraderecha xenófoba del SPD de Tonio Okamura y sale reelegido Zeman, la República Checa se inclinará por mayores lazos con Putin, y si hay gobierno con los democratacristianos, la balanza se escorará hacia occidente.

La elección presidencial del mes de enero será muy relevante, no solo por los lazos con Moscú sino por la siniestra personalidad de Zeman, un agitador islamófobo y xenófobo nacionalista, que extendería el discurso antinmigración a niveles intolerables.