Un partido antinmigración gobierna en Austria

Parlamento austriaco en Viena.

El 18 de diciembre de 2017, Austria se convirtió en otro Estado miembro de la Unión Europea gobernado por un partido antinmigración (y no por primera vez). Tras 10 años de gran coalición (de socialdemócratas y conservadores), el nuevo ejecutivo incluye a un partido de origen neonazi, el Partido de la Libertad (Freiheitliche Partei Österreichs, FPÖ), al frente de la vicecancillería (vicepresidencia del Gobierno) y de las carteras políticamente más relevantes (defensa, interior y asuntos exteriores). Ante la alarma generada, el Presidente de la República, Alexander Van der Bellen (ecologista), puso como condición para formalizar este nuevo Gobierno, el reconocimiento del compromiso de Austria con la Unión Europea (neutralizando cualquier intento de referéndum sobre la permanencia de Austria en la UE) y su responsabilidad respecto con un pasado nazi que desgarró el continente el pasado siglo.

CONTEXTO Y SITUACIÓN POLÍTICA

No es la primera vez que el FPÖ está en el Gobierno austriaco. Ya formó parte del ejecutivo entre los años 2000 y 2005, la diferencia es que en aquella ocasión y ante el escándalo generado, su líder, Jörg Haider, tuvo que renunciar a la vicecancillería y las relaciones diplomáticas bilaterales se congelaron en señal de protesta. Hoy el panorama es bien distinto. No solo se ha aceptado la presencia del FPÖ por parte del establishment político europeo sino que tácitamente parece haberse aprobado un programa y un discurso antinmigración, antimusulmán y nacionalista, a cambio de concesiones mínimas sobre la orientación proeuropea del nuevo ejecutivo.

Austria estaba viviendo un periodo político convulso que empezó en 2016, cuando la primera vuelta de las elecciones presidenciales de abril las ganó el ultraderechista Norbert Hofer, del partido de la Libertad por delante del independiente Van der Bellen. Tras una segunda vuelta anulada por el Tribunal Constitucional, el 4 de diciembre de 2016 se repitieron los comicios en los que salió vencedor Van der Bellen con el 53,8% de los votos.

Las elecciones legislativas del pasado 15 de octubre, consolidaron la tendencia y dieron como ganador al conservador Sebastian Kurz, de tan sólo 31 años, con un apoyo del 31,5% de los votos (62 escaños, 15 más que en la anterior convocatoria de septiembre de 2013) seguidos de los socialdemócratas del SPÖ con el 26,9% (estancados en 52 escaños y por tanto perdiendo la primera posición y el liderazgo en la formación del ejecutivo) y en tercera posición el FPÖ con el 26% de apoyo y 51 escaños (11 más que en la anterior convocatoria).

Austria es un país de apenas 9 millones de habitantes, con un alto nivel de vida, un generoso Estado del bienestar y una presencia plena en los foros multilaterales (Viena es sede de la OSCE, de varias agencias de Naciones Unidas, de la OPEP o de la Agencia Europea de los Derechos Fundamentales FRA). No ha sufrido el azote terrorista y ejerce cierto liderazgo en la Europa del Este, con una economía fuerte y una tasa de paro de tan solo el 5,5%. Austria cuenta con un 4% de antiguos yugoslavos huidos de la guerra (mayoritariamente serbios, y también croatas, eslovenos y bosnios) y 1,6% de turcos. Su población es mayoritariamente católica (73,8%), seguidos de protestantes (4,9%), musulmanes (4,2%) y ortodoxos (2,2%). Según datos de 2016, en Austria residen refugiados de las siguientes nacionalidades: 30.958 sirios; 20.220 afganos; 13.773 rusos; 5.555 iraquíes y 937 apátridas. La mayoría de los migrantes y refugiados se trasladaron a Alemania en 2015, pero 90.000, es decir entorno al 1% de la población de Austria, se quedaron y solicitaron asilo.

¿Qué factores han contribuido a este viraje populista y antinmigración?

En primer lugar, el Partido de la Libertad austriaco parece responder a los mismos parámetros que sus contrapartes en otros países europeos. Sus lideres, antes Norbert Hofer (ingeniero aeronáutico de verbo tranquilo e ideologia nacionalista autoritaria) y hoy Heinz-Christian Strache (protésico dental, con pasado en la política local vienesa) al igual que Marine Le Pen o Geert Wilders se presentan como defensores de la libertad contra la Unión Europea, como adalides de la identidad nacional frente a la amenaza de la inmigración y del Islam, atrayendo en su discurso del miedo a antiguos votantes de izquierda que ven en la globalización y la apertura de fronteras un peligro para su bienestar.

En segundo lugar, el hartazgo del electorado hacia la eterna gran coalición y el bipartidismo tradicional. Austria lleva gobernada por grandes coaliciones desde la posguerra mundial, soterrando una profunda división social entre la Viena «roja» de tendencia izquierdista y un campo «negro» conservador católico. Segun el experto en populismos, Jan-Werner Müller, esta polarización quedaba difuminada en coaliciones de gobierno en la que ambas partes estaban representadas hasta que llegó Jörg Haider y comenzó a atacar los privilegios del establishment rojinegro que controlaba toda la vida política. En 1986, bajo el eslogan de “Austria primero”, el joven partido de la Libertad inició su ascenso adoptando un discurso xenófobo y neonazi, impensable en la vecina Alemania. Haider logró su mayor triunfo en 1999, cuando el FPÖ obtuvo el 27% de los votos y quedó en segundo lugar en las elecciones legislativas. Había ganado el negro sobre el rojo, y el FPÖ entró en el gobierno a pesar del rechazo y el bloqueo diplomático internacional. Lo que estaba claro es que se abría una nueva etapa de nacionalismo austriaco (más alejado del nacionalismo germánico anterior) con ideario euroescépticos. Tras el hastío generado por la última gran coalición del gobierno del socialdemócrata de Werner Faymann, firme aliado de Merkel, la crisis de refugiados del 2015 y el cierre de fronteras en febrero de 2016, los populistas del FPÖ tenían un escenario ideal para ascender. Y, como dice Jan-Werner Müller, los ciudadanos que apoyan el nuevo populismo al final preferieron el original a la copia. Durante la campaña presidencial de 2016 el tema de los refugiados fue central para los contendientes, pero en la reciente campaña legislativa, la inmigración no se convirtió en arma electoral porque no hacía falta: el contagio de la antinmigración se había generalizado. Como dijo el analista político Anton Pelinka: «los dos partidos del gobierno (entonces el SPÖ y el ÖVP) no son exactamente iguales al FPÖ, pero el trasvase de mensajes en este sentido (crossover) se había vuelto muy fluido».

Un tercer factor podría ser el contagio antinmigratorio del entorno geografico y politico del Grupo de Visegrado, y en particular de Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia, abiertamente opuestos al establecimiento de cuotas obligatorias de refugiados. Tanto el canciller Kurz como Strache han alabado la actitud de Orban al levantar una valla en la frontera húngara, y el líder del FPÖ propuso en campaña un acercamiento al Grupo de Visegrado como referente de la región y probablemente con ambiciones de pertenecer y liderar el mismo, en línea con una aproximación hacia Putin en detrimento de Bruselas.

PARTIDOS POLÍTICOS Y CONTAMINACIÓN DEL DISCURSO ANTINMIGRACIÓN

EL PARTIDO DE LA LIBERTAD (Freiheitliche Partei Österreichs, FPÖ): 51 escaños

Se fundó en 1956 por un antiguo miembro de la SS y se mantuvo presente sobre todo en círculos académicos, hasta que con el liderazgo de Jörg Haider se impuso y empezó a calar en la clase obrera vienesa en los 90. Haider se puede considerar un importante referente del actual populismo de derechas: demagogo, carismático, mediático, xenófobo, y oportunista, supo navegar en diferentes aguas hasta que murió, siendo gobernador de la región de Carintia, en un accidente de coche en 2008. El FPÖ sufrió una escisión en los 90 (Haider lo abandonó para formar BZO que tan solo tuvo éxito en su región, y que tras su muerte volvió al FPÖ) pero aun así vio crecer su apoyo de manera constante.

En las elecciones generales de 1999 el FPÖ ganó el 27% de los votos, su mejor resultado, superando por primera vez a los conservadores y en 2000, el ÖVP acordó formar gobernó con ellos. Haider renunció al puesto de canciller en favor de Wolfgang Schüssel (ÖVP), debido a las críticas internacionales, y los derechistas se quedaron la vice-cancillería y con los ministerios de Hacienda y Asuntos Sociales. Haider tuvo que renunciar a cualquier puesto en el gobierno debido al boicot diplomático de los otros 14 estados miembros de la UE, que introdujeron sanciones contra Austria y redujeron sus contactos bilaterales.

En las elecciones del 2013, ya con Heinz-Christian Strache como líder, obtuvo el 20,5% de los votos. Una vez reunificada la ultraderecha, el FPÖ ha arrasado en donde se ha presentado: Vorarlberg (oeste) llegaron casi al 27%, en las municipales de octubre de 2010 Strache obtuvo en Viena el 25,8% de los votos siendo la segunda vez desde la posguerra que los socialdemócratas perdían su mayoría absoluta en su feudo tradicional.

Strache es un político agresivo e incluso desbocado en sus declaraciones, y se le critica precisamente por su falta de finura diplomática para gobernar y por ello tan solo tenía un 18% de aprobación según una encuesta del diario Der Standard realizada durante la campaña.

La ideología del FPÖ es nacionalista, identitaria y social. Económicamente, apoya el liberalismo regulado con la privatización y los impuestos bajos, combinado con el apoyo al estado del bienestar; sin embargo, sostiene que será imposible mantener el estado de bienestar si continúan las actuales políticas de inmigración. Son antiestablishment y quieren aligerar el aparato burocrático del Estado, más descentralización y más democracia directa a través de referéndums. Son nacionalistas pangermánicos, y se identifican con una comunidad étnica y cultural alemana (Heimat) que Strache ha profundizado e incluido en el programa del partido, añadiendo por tanto el elemento racista en su ideario.

La inmigración no fue un asunto candente en Austria hasta los años ochenta. Bajo el liderazgo de Haider, se convirtió en un tema clave. En 1993, la campaña “¡Austria primero!» intentó recolectar firmas para un referéndum sobre restricciones a la inmigración y afirmó que Austria no es un país de inmigración, y que esta podía poner en peligro la identidad cultural y de la paz social en Austria. Durante el gobierno en coalición con los conservadores (2000-2005) influyeron en una política migratoria más restrictiva, pero en los últimos años, se ha hecho parte fundamental en su programa. En campaña, Strache pidió una ley que prohíba el «islam fascista» y los símbolos musulmanes, comparable a una ley existente que prohíbe los símbolos nazis, diciendo que el Islam podría acabar con la sociedad europea: «Necesitamos inmigración cero y menos».

Cuentan con cuatro europarlamentarios adscritos al grupo Europa de las Naciones y de las libertades (ENL) junto al Frente Nacional, el PVV de Wilders, el Vlaams Belang o a la Liga Norte

PARTIDO POPULAR AUSTRIACO (Österreichische Volkspartei, ÖVP): 62 escaños

Partido conservador y cristiano-demócrata, fundado al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Es más conservador católico que liberal. Defienden la unión entre la iglesia católica y el estado.

La política económica del ÖVP es generalmente liberal, defendiendo la reducción del sector público, la desregulación de la economía, la reducción de las prestaciones sociales, aunque la fuerte adhesión a la doctrina social de la Iglesia lo ha llevado a defender políticas intervencionistas con mayor frecuencia que partidos comparables en el resto de Europa. Ya gobernó con la ultraderecha del 2000 al 2005 y desde diciembre de 2017, lidera el gobierno con el partido ultraderechista FPÖ.

Su líder y actual Canciller, Sebastian Kurz, con apenas 30 años, ascendió meteóricamente en el partido gracias a su carisma y liderazgo como ministro de exteriores del anterior gobierno durante las negociaciones con sus vecinos del sur para cerrar la ruta de los Balcanes a los refugiados, del que salió fortalecido por su firmeza, que elogió la propia Merkel. A pesar de que las encuestas no le eran propicias, ha conseguido ser el partido más votado ganando 15 escaños, con Kurz como líder más valorado.

Kurz ha hecho de la inmigración uno de sus ejes electorales, pidiendo que los inmigrantes rescatados en el Mediterráneo sean llevados a África en lugar de a Europa.

El partido de coalición juvenil ÖVP pidió que reduzca a la mitad el número de solicitudes de asilo aceptadas en 2017 a unas 17.000.

PARTIDO SOCIALDEMÓCRATA DE AUSTRIA (Sozialdemokratische Partei Österreichs-(SPÖ): 52 escaños

El Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ), hasta 1991 conocido como el Partido Socialista de Austria (Sozialistische Partei Österreichs – SPÖ), tiene sus raíces en el Partido Obrero Socialdemócrata original (Sozialdemokratische Arbeiterpartei – SDAP) fundado en 1889 por Viktor Adler. El SDAP apoyó el marxismo revisionista y fue responsable de impulsar los derechos de voto universal para los hombres en 1905 y de extenderlos a las mujeres en 1919. De 1934 a 1945, durante los regímenes de Engelbert Dollfuss (1932-34) y la dictadura austro-fascista de Kurt von Schuschnigg (1934-38) y la “ocupación” alemana entre 1938 y 1945, el SDAP fue prohibido. En 1945 fue reconstituido como el Partido Socialista de Austria y se convirtió en la fuerza parlamentaria más importante durante la postguerra mundial. A raíz de la traumática experiencia de la Anschluss, hubo un cambio generalizado de la opinión pública desde el pangermanismo al renacimiento de una idea nacionalista austriaca, que hizo que conservadores y socialistas trabajaran por la prosperidad y estabilidad del país y acordaran una gran coalición que duraría hasta 1966.

Junto con Popular Austríaco (ÖPV), el SPÖ es uno de los dos partidos políticos más grandes de Austria y tiene vínculos con la Federación de Sindicatos de Austria (ÖGB) y la Cámara de Trabajo de Austria (AK). Es el único partido político que en democracia ha ejercido el gobierno municipal de la capital, Viena, desde 1919, lo que valió a la ciudad el sobrenombre de «Viena la roja» (Rotes Wien) en la política austríaca.

Actualmente cuenta con 5 eurodiputados en el grupo S&D (Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas) y 52 (de 183) escaños en la recientemente electa cámara baja.

En la reciente campaña electoral, ante la previsible fuga de votos hacia los populistas del FPÖ, el partido socialdemócrata que siempre descartó cooperar o aliarse con los derechistas a nivel nacional, anunció en plena campaña electoral que trabaja en un «catálogo de criterios» que el FPÖ debería cumplir antes de aceptar una eventual cooperación postelectoral. Aunque el entonces Canciller y candidato, Christian Kern, se desligó de dicha propuesta, el SPÖ se saltaba una línea roja y abria una posible vía de negociación con los populistas de Strache. Según dijo Kern en campaña, Austria ya había cumplido su obligación y pidió una moratoria de su excepción temporal de recepción de refugiados que trataría de pactar con Bruselas.

EL NUEVO GOBIERNO AUSTRIACO (2017-2022)

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, a raíz del anuncio del nuevo gobierno ya manifestó su preocupación por el peligroso desarrollo de la política austriaca y el tráfico del miedo instalado en la política europea.

No ha pasado un mes y el nuevo Gobierno entre los conservadores del ÖVP y los populistas de extrema derecha del FPÖ han comenzado a dar indicios de los que será su mandato antinmigratorio. El reparto de carteras del nuevo Gobierno sigue una línea dura, al asignar al Partido de la Libertad el control de la defensa, interior (incluyendo seguridad y ciudadanía) y asuntos exteriores. Los conservadores se quedan con las áreas de perfil económico y dejan precisamente al socio más intolerante al frente de su imagen internacional, europea y multilateral, con un perfil claramente frentista respecto a Bruselas.

Aunque el lider del FPÖ, Heinz-Christian Strache, descartó la celebracion de un referendum sobre la permanencia en la Unión Europea, Austria presidirá el Consejo europeo durante el segundo semestre de 2018, en la que ya ha anunciado la celebración de una cumbre sobre inmigración. Se prevé también una mejora de las relaciones con Rusia y el bloqueo de las negociaciones con Turquía.

El programa “Juntos por nuestra Austria” comienza con una serie de 11 principios ordenados simbólicamente: 1º libertad, 2º responsabilidad, 3º patria (Heimat) y 4º seguridad (“Austria debe proteger su territorio, preservar su neutralidad y brindar protección y asistencia a los ciudadanos en todos los escenarios de amenazas). El último es “subsidiariedad” y se enuncia como “garantía contra la tendencia centralizadora de la Unión Europea”.

El capítulo sobre integración desvela claramente su discurso islamófobo al establecer como un objetivo “luchar contra el Islam político” (que definen como grupos y organizaciones que tratan de islamizar la sociedad y que lleva a la radicalización, el antisemitismo, la violencia y el terrorismo) que contrapone al resto de musulmanes, a los que este gobierno trataría de proteger. Para ello se prohibirá la financiación extranjera de comunidades religiosas, se impedirá la influencia extranjera en el ámbito educativo, se impondrán mayor control y autoridad policial para evitar la radicalización, etc. Se tratará de detener la «inmigración ilegal» y acelerar el proceso de asilo para deportar a los que no sean aceptados. El asilo se concibe como una protección temporal. Se establecen sanciones para aquellos inmigrantes que se nieguen a integrarse e incluye un recorte sustancial en las ayudas de apoyo a los solicitantes de asilo, que estarán condicionadas a ganar el llamado «bono de integración» si se considera que están adoptando la cultura austriaca, tal como la defina el gobierno. El programa también exige deportaciones más rápidas de solicitantes de asilo y dice que se detendrá la inmigración irregular y se evitará la creación de «sociedades paralelas».

El vicecanciller Strache no solo defiende poner a los refugiados en cuarteles militares mientras esperan su solicitud de asilo, sino que estén sujetos a toque de queda y otras limitaciones, mientras que el nuevo ministro de interior, Herbert Kickl (secretario general del FPÖ y antiguo redactor de discursos de Jorg Haider) utiliza un lenguaje provocativo y peligroso al declarar que los migrantes deben ser “concentrados” en un mismo sitio y que su política migratoria va a ser “muy, muy dura”.

El nuevo gobierno austriaco tiene una significación relevante, no sólo por la subida al poder de otro gobierno antinmigración (que se suma al de Polonia, Hungría, República Checa y Noruega) y por consolidar el bloque intolerante que se está armando en Europa oriental, sino por la silente y complaciente acogida por parte de la Unión Europea de un discurso excluyente e insolidario, que hoy, a diferencia de hace unos años, es ya impune.